jueves, 17 de septiembre de 2015

Lectura crítica: "Los cuarenta y nueve primeros cuentos"

Llevaba mucho tiempo sin leer absolutamente nada de Ernest Hemingway, mucho más tiempo del que me hubiera gustado, pero como siempre digo los libros se leen cuando te llaman. Creo además que en el blog no he hablado hasta la fecha de ningún libro de Hemingway, cosa que si es cierta (algo que no sé a ciencia cierta si es del todo verdad porque no me acuerdo de todos los artículos que he escrito) es un gran pecado por mi parte. Pero esta cuestión quedará hoy ya cerrada y este blog ganará algo en calidad, no por lo que escribo o critico, sino por los autores en él mencionados y citados. No creo que a nadie se le escape y no le diga nada el nombre de Hemingway, quizá uno de los escritores más famosos del siglo XX en el mundo y de los más afamados también. Premio Pulitzer en 1953 y Nobel de Literatura un año después, Hemingway es considerado por muchos expertos, críticos y público en general como uno de los más grandes escritores contemporáneos; además de un amante de España, su comida, sus tradiciones, probablemente sus mujeres y su cultura en general, y en particular del mundo del toreo.

Como primer libro de Hemingway que voy a criticar y comentar en el blog he elegido, aunque eso de elegir está de más teniendo en cuenta que los libros no los elijo yo sino más bien una fuerza telúrica que me lleva a cogerlos de una estantería en una librería y a no soltarlos, una edición de sus cuentos o relatos cortos, cuyo título traducido al español sería “Los cuarenta y nueve primeros cuentos”, pero que la editorial deBolsillo ha decidido llamar “Cuentos” a secas. Y para volver a leer a Hemingway he elegido sus cuentos. En realidad no ha habido una razón de peso para ello, es más muy probablemente el que me comprara este libro fue más un impulso que una búsqueda, ya que lo hice en León con unos amigos de testigos y después de haber tenido en mis manos otras obras a las que también tenía muchas ganas. Pero fue este ejemplar el que compré, también llevado por esa voluntad que tengo ahora de iniciarme también en el relato corto de los más grandes narradores contemporáneos. Un mundo, el del relato corto o cuento, que todavía tengo que explotar y explorar bastante.

Vayamos ya al grano. “Los cuarenta y nueve primeros cuentos” son como su propio nombre indica 49 relatos cortos, de extensión muy variable ya que hay algunos de apenas dos hojas y otros de casi cuarenta. Eso sí todos los relatos tienen una cosa en común: el magnífico arte narrativo de su autor. A diferencia de muchos escritores que hacen de su prosa un estilo muy elaborado, con muchos vericuetos, descripciones y vueltas, empleando frases muy largas y complejamente construidas, Hemingway es todo lo contrario. Su formación como periodista hace que sus novelas sean directas, y en ellas predominan las oraciones cortas y sobre todo los diálogos, muchas veces escuetos y simples, cotidianos como si de una conversación de ascensor se tratasen, pero siempre llenos de sentido. No abundan las descripciones ni de lugares ni de escenas ni de sentimientos, solo cuando son realmente imprescindibles Hemingway recurre a ellas para ambientar un poco una acción o para hacer comprender al lector cómo se puede sentir un personaje.

Todos los relatos de “Los cuarenta y nueve primeros cuentos” tratan temas típicos de la literatura de Hemingway: la guerra, la soledad, las mujeres, el alcohol, África, la caza, la pesca, las carreras de caballos, las apuestas, el béisbol, las relaciones padre-hijo, la amistad y también, cómo no, el toreo. A pesar de que los relatos de este libro no tienen nada que ver los unos con los otros, quiero decir que no hay continuidad entre ellos por trama o temas, sí hay una peculiaridad ya que en esta recopilación de los cuentos de Hemingway se incluyen aquellos que tienen por protagonista a Nicholas “Nick” Adams, que viene a ser algo así como su álter ego literario, al que el propio Hemingway creó con muchos elementos autobiográficos, aunque en ningún momento se pueda establecer una relación directa concreta entre las aventuras de Nick Adams y las de Ernest Hemingway.

Podría señalar muchos relatos que son realmente buenos en “Los cuarenta y nueve primeros cuentos” pero debería nombrar muchos y probablemente también alguno se me pasaría y lo dejaría sin nombrar aunque lo mereciera. Sí voy a destacar alguno quizá por temática. Abren el libro tres relatos que, quizá por ser los primeros, me han impresionado mucho por diferentes razones. El primero de éstos relatos, “La breve vida feliz de Francis Macomber”, trata sobre un matrimonio que se va de safari de caza a África y allí se muestran sus miserias, las de él y las de ella, que termina enamorada del guía del safari y con su marido muerto; el segundo, “La capital del mundo”, versa sobre el mundo del toreo y la pasión que siente un joven camarero por él, pasión que acaba costándole caro por una tontería. Este segundo relato se desarrolla en Madrid, en una pensión de las que tanto abundaban en la capital de España durante el Franquismo. El tercer relato, es quizá uno de mis preferidos por desarrollarse en uno de los parajes más espectaculares, místicos, míticos y bucólicos de la Tierra como es el Monte Kilimanjaro, y lleva por nombre “Las nieves del Kilimanjaro”. En este relato, considerado por mucha gente como uno de los mejores de Hemingway se narran los últimos momentos de vida de un amante de África que decidió subir hasta el monte para ver todo el continente desde las alturas. Y digo que estos tres relatos me impresionaron por la pasión que desprenden sus personajes, unos por la caza, otros por el toreo y otros por África, y por su puesto por la maestría narrativa de Hemingway que transmite esta pasión con una sencillez que asusta.

Pero estos son solo tres de los 49 relatos de “Los cuarenta y nueve primeros cuentos”. Hay muchos más y muy variados y prácticamente todos narrados con la misma sencillez, simpleza y pasión. Otro relato que me llamó mucho la atención fue “Cincuenta de los grandes”, que versa sobre el boxeo, otro de los temas que más apasionaba a Hemingway y está protagonizado por un boxeador prácticamente acabado que decide hacer un último combate apostando mucho dinero contra sí mismo. También quiero decir que muchos de los relatos de este libro tienen aire melancólico, triste, depresivo, y muchas veces acarrean desgracias personales y familiares que hacen que el relato termine de manera penosa y lamentable. Pero también hay otros en los que la ironía y el sentido del humor pueden sobre otras cuestiones y Hemingway consigue presentar temas graves y serios desde una perspectiva amable y tranquila haciendo pensar al lector pero al mismo tiempo entreteniéndole de verdad. Por supuesto también debo decir que el alcohol está presente en muchos de los relatos del libro, no solo como mero elemento ambientador de escenas cotidianas, sino como verdadera elemento narrativo representativo de la trama. Antes de que se me olvide también querría destacar otro relato, “Los asesinos”, un magnífico ejemplo de lo que es un relato corto y de todo lo que puede dar de sí en cuanto a intensidad.

Poco más puedo decir de “Los cuarenta y nueve primeros cuentos”. Sí me gustaría que este artículo sirviera para que algún lector que esté buscando nuevos horizontes literarios se anime, no ya con los relatos breves, que siempre son más amables de leer que una novela de cientos de páginas, sino con el propio Ernest Hemingway, que quizá sea una de las grandes figuras literarios de los últimos tiempos, que amaba España (por si esto anima a alguien más), pero que sobre todo amaba la vida y vivir (aunque paradójicamente terminó pegándose un tiro en el jardín de su casa). Esta pasión por la vida y por vivir se plasma en todos y cada uno de sus libros, pero es en sus relatos donde podemos disfrutar del Hemingway más variado y versátil y de sus temas y preocupaciones vitales principales. Éste es un libro sencillo de leer, aparte de cómodo, y que si no gusta no hay más que terminar con el relato que se haya empezado, cerrar el libro y dejarlo en la estantería de la biblioteca, pública o privada. Pero estoy seguro de que quien se anime a empezar a leer los relatos de Hemingway los terminará y quedará encantado.

Caronte.

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