viernes, 21 de junio de 2019

Lectura crítica: "La carta esférica"


La literatura es un proceso de aprendizaje continuo. Un proceso doble, para escritores y para lectores. Lo es para los escritores que plasman en sus libros las historias que durante mucho tiempo (meses, semanas, años…) han estado latentes en su cabeza, prisioneras de su incapacidad para dejarlas fijadas con palabras. Y lo es para los lectores que con cada libro que abren y en cuya historia se sumergen ganan horizontes, conquistan tierras ignotas, y se dejan llevar de la mano de protagonistas a los que se termina queriendo u odiando, y de los que siempre se aprende ya que en muchas ocasiones nos ponen delante de nuestro propio reflejo y debemos reconocernos en ellos. Leer y aprender, escribir y aprender, son binomios bidireccionales que hacen de la vida un paso del tiempo mucho más ameno de lo que sería sin ello. Pérez-Reverte es un maestro a la hora de enseñar a través de sus libros, ya que es una mente curiosa que no deja de preguntarse cosas y por tanto de aprender para luego legarnos su aprendizaje.

La carta esférica” es de esos libros que uno lee para disfrutar y que enganchan de tal modo que toda interrupción en su escritura es una pena para el lector. Hace años que leo a Pérez-Reverte y siempre (salvo en la serie Alatriste que nunca me ha convencido) sus libros me han provocado una sensación de estar leyendo a un gran maestro de la novela de aventuras instructiva. Todas y cada una de sus novelas me han llevado a una época, clase social y temática diferentes.

En este caso es el mundo naval y marino el que fluye a través de las hojas de “La carta esférica”. Y es que esta novela huele a salitre, sabe a marisco y peces recién pescados, tiene el tacto robusto de las sogas y terso de las velas blancas. Entre sus páginas se oyen las olas romper contra los acantilados de la costa sureste de España, esa costa agreste murciana y almeriense donde Pérez-Reverte se crio. Se escucha cómo el Mediterráneo se comunica con la gente que vive en sus orillas, la presente y la pasada, porque en sus aguas está en el fondo la historia de la humanidad.

Centrándome en la trama de “La carta esférica” decir que esta novela es un libro de aventuras de corte clásico es quedarme corto. Siguiendo la más clásica de las tradiciones novelescas marítimas, Pérez-Reverte crea una historia de leyendas, de barcos antiguos hundidos en el fragor de la batalla, de marinos perseguidos y perseguidores, de cazadores de mitos, de cazadores de corazones y de cazadores sin escrúpulos. Y detrás de todo como siempre un tesoro, en este caso en forma de esmeraldas puras traídas desde las Indias (América) para comprar la voluntad de un consejo real que evitara la caída de los Jesuitas. Religión, ambición, sobornos, muerte, olvido… Lo dicho una historia que impide separarse del libro.

Debo añadir que “La carta esférica” no sería nada sin sus personajes protagonistas: Coy y Tánger. El primero es un marino en tierra despojado de su barco por dejarse llevar en un lance por la tempestad que a veces asola a los hombres haciéndoles decir y hacer cosas que no quieren. Tánger es una mujer de las que hacen que los personajes femeninos de las novelas feministas sean meros esbozos de mujeres verdaderas y fuertes. Es Tánger una mujer que hace que Coy deje todo y ponga rumbo hacia ella sin saber si es una sirena acercándole al naufragio. Su relación, inicialmente profesional (la búsqueda del tesoro extrapolando coordenadas y llegando a las mismas) torna sentimental cuando Tánger lo decide oportuno para conseguir lo que busca desde el principio.

Añadamos a lo anterior a los antagonistas de la aventura: un caza tesoros profesional gibraltareño (el pirata sin escrúpulos y con el barco grande de las novelas clásicas) y su secuaz escudero engañoso, así como un viejo marino amigo de Coy que les ayudará a Tánger y a él consiguiendo un barco que les acerque al tesoro. Lo demás lo dejo para quien se aventure entre las horas de “La carta esférica” y decida dejarse llevar por los vientos indomeñables.
Antes de acabar me gustaría apuntar una cosa sobre “La carta esférica” y es que en este libro he encontrado la más perfecta y poética descripción de lo que es (o al menos debería ser) el Mar Mediterráneo. Obviamente solo Pérez-Reverte, cartaginés (o cartagenero), puede llegar a describir el Mediterráneo como lo he leído en las páginas de esta novela. Probablemente es de los pasajes más bellos que he leído nunca en un libro y creo que va a ser muy difícil superarlo.

Uno nunca es el mismo después de una novela, sea cual sea, pero he de admitir que tras leer cualquiera de las novelas de Pérez-Reverte he aprendido algo nuevo. Tras “La carta esférica” sé que quiero ver con mis ojos la tierra y el mar que describe en esta novela, y sentir sobre mi piel el calor y la brisa marina de esa zona de España. También sé muchas más cosas de náutica que antes, así como de historia y psicología humana. En 50 años hablaremos de Pérez-Reverte como uno de los más grandes narradores de novelas de aventuras europeo a la altura de Conrad, Verne o Stevenson. Esta novela es un ejemplo de buen hacer, de buena literatura que es la que tras leer el lector se convierte en otra persona.

Caronte.

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