Hoy no me toca
hablar de un libro cualquiera, de una novela más de las que se publican a lo
largo de un año. Hoy me toca hablar de un novelón, tal y como suena con todas
sus sílabas. No-ve-lón. El título de este novelón es “La mancha humana” y su autor es el aclamado, tanto por la
crítica especializada como por el público soberano, Philip Roth. Como siempre
soy sincero y tengo que decir que me esperaba mucho de esta novela y de este
escritor del que tanto he oído hablar siempre y la verdad no sólo este libro ha
colmado todas las expectativas previas que tenía puestas en él sino que las ha
superado más que con creces. Como llevo haciendo ya últimamente con los últimos
libros de autores ingleses o americanos que me leo, esta vez he vuelto a leerme
este libro en su versión original, es decir en inglés, y ha sido la primera vez
que a pesar de las dificultades de leer a un escritor tan culto como lo es
Roth, he ido devorando el libro como si estuviera escrito en español. Una
semana he tardado en leerlo, cuando pensaba que me iba a llevar mucho más
tiempo entender bien el libro, supongo que esto querrá decir que ha merecido la
pena.
“La mancha humana” es ante todo
una historia sobre la libertad de las personas para ser lo que decidan ser,
siempre y cuando se sea consciente de lo que esa libertad conlleva, y de las
consecuencias de las decisiones que tomamos en nuestra vida para alcanzar esa
libertad. En esta novela se nos presenta la vida, y sobre todo el gran secreto
de la vida, de Coleman Silk, un prestigioso decano de universidad, profesor de
Arte y Literatura Clásica, que se ve envuelto al final de su vida en una serie
de ataques contra su persona debidos básicamente a la hipocresía y el cinismo
de la sociedad americana. A su vez la novela está narrada de principio a fin
por Nathan Zuckerman, personaje recurrente en las novelas de Roth, que en “La mancha humana” se hace amigo
de Coleman Silk quien le encarga que escriba la historia, o el secreto oculto,
de su vida.
La novela se
ambienta en 1998, justo cuando estalla el mayor escándalo sexual en la historia
de los EE.UU., el caso Lewinsky. A parte de tratar esta hipocresía americana
que casi le cuesta el puesto al presidente Bill Clinto, simplemente porque una
becaria le estuviera haciendo un “trabajillo” (todos sabemos cuál, por eso no
lo voy a nombrar aquí directamente) en el Despacho Oval. Esa moral de quita y
pon, una moral cínica e hipócrita que impide que un política pueda tener un affair con una secretaria pero que
permite que EE.UU. entre en guerra por todo el mundo apoyando regímenes
dictatoriales cuando le conviene, y derribándoles cuando el viento sopla del
lado contrario, está presente durante toda la novela. También es esta moral la
que lleva a que el protagonista de “La
mancha humana” se vea forzado a renunciar a su puesto en la universidad
porque unas palabras suyas son malinterpretadas intencionadamente para echarle
por racista.
Este tema del
racismo también es otro de los grandes ejes vertebradores de la novela, pero no
está tratado de manera condescendiente y partidista a favor de los derechos de
los ciudadanos afroamericanos. Todo lo contrario. En “La mancha humana” se ve las dos caras del tema del racismo
en los EE.UU., un asunto también muy delicado, que sigue muy vigente a día de
hoy cuando por mucho que se dejara atrás hace décadas la segregación racial,
sigue habiendo abusos contra los ciudadanos de color americanos. Tanto la cara
dura del racismo, que se ve claramente cuando Coleman Silk le cuenta a su amigo
Nathan Zuckerman cómo fue su infancia y juventud en un barrio donde había
muchos afroamericanos. Pero también se trata el racismo como tema de puro
oportunismo, tanto por parte de negros para subir puestos en la sociedad como
grandes defensores de los derechos y libertades de dichas comunidades, como por
parte de los blancos que lo usan para su propio beneficio y para que esa moral
tan puritana americana les tache de gente moderada y tolerante, cuando ni los
primeros son tan altruistas como los segundos tan generosos.
Pero “La mancha humana” no se queda
simplemente ahí, y es que como he dicho es todo un novelón que también profundiza
en uno de los temas que más ha marcado y calado en la sociedad americana desde
el último tercio del siglo pasado como fue la Guerra de Vietnam y sus
consecuencias no para una, sino para varias generaciones de americanos mandado
al frente en esa guerra absurda que EE.UU. comenzó con la intención de acabar
con el comunismo en el mundo, y que terminó desangrando a la sociedad civil
americana. También este tema es tratado con toda la dureza y realismo que se
puede tratar. También en este caso la hipocresía de la sociedad americana sale
a relucir y Philip Roth, de manera sutil pero clara, critica esa doble moral
que se ha tenido siempre para con los veteranos de aquella guerra. Por un lado
se reniega de esa guerra diciendo que fue un grandísimo error de los EE.UU.
meterse donde nadie les había llamado solo para seguir cazando brujas
comunistas por todo el mundo y se pedía continuamente que se acabara la guerra,
mientras que una vez los soldados volvían después de haber visto todas las crueldades
y barbaridades habidas y por haber de las que el ser humano es capaz de hacer,
se les daba la espalda y se les dejaba a su propia suerte lidiando con todas
las secuelas físicas y mentales que aquella guerra dejó en sus cuerpo y mentes.
Una moral que para calmar la conciencia, hace que se dedique un día a los
veteranos de las diversas guerras americanas y se les levantes estatuas para
conmemorar su valor, eso sí, únicamente por un día.
Todo esto envuelve
la vida de Coleman Silk, de manera más o menos directa. Y toda esta doble
moral, todo este cinismo y toda esta hipocresía se explotan en la cara al final
de su vida. Una vida que es un total secreto que terminará por aflorar a la luz
de manos del narrador de “La mancha
humana”, Nathan Zuckerman, que como observador externo de la vida de
Coleman Silk va contando al lector poco a poco ese secreto, desgranándolo con
sumo cuidado. Si fuera poco el ser obligado a renunciar a tu prestigiosa
carrera, arruinada por unas acusaciones falsas, hechas únicamente para saciar
la moral de la sociedad, de racismo; a todo se suma la muerte de la mujer de
Silk y el hecho que tras esto conozca a una mujer de casi la mitad de años que
él y que también sea sojuzgado por ello, con otra moral también hipócrita y
falsa, pero esta vez feminista, encarnada en una mujer, compañera de Coleman en
la universidad, que intenta difamarle por todas las formas posibles y tacharle
de machista por estar con una mujer tan joven, haciendo creer a todo el mundo
que es su “chica de compañía”. Esta actitud contra Coleman es también
totalmente infundada, pero la persona que lo hace es una feminista de palabra
que se siente superior a todos por ser mujer y por tener que recibir un trato
mejor que el que recibe el resto por ello. Lo dicho, doble mora otra vez.
Racismo,
hipocresía, doble moral y también falso feminismo. Todo esto se mezcla en las páginas
de “La mancha humana”, de una
manera tan brillante que hay pasajes del libro que bien merece la pena
releerlos para terminar de entenderlos. Esto he tenido que hacer yo en varias
ocasiones, no ya sólo por la propia complejidad formal al haberla leído en
inglés con la dificultad que eso conlleva en un escritor de tanto nivel como
Roth, sino también por la dificultad conceptual y por la profundidad del
tratamiento de algunos de los temas que ya he mencionado. La historia de
Coleman Silk, termina también de forma abrupta en un accidente de tráfico que
su amigo Zuckerman no quiere terminar de creer que fue tan accidental. La trama
poco a poco se va complicando y al final nadie termina siendo lo que parece
ser, y el lector puede terminar con la sensación de no saber quién es quién en
la novela, pero en el fondo, como en la vida misma, pocas veces podemos saber a
ciencia cierta quién en quien, ni muchas veces ni siquiera quienes somos
nosotros.
Todos los
personajes de la novela, tienen su momento de gloria en la misma y todos están manchados
por sus propias decisiones en sus vidas, decisiones humanas que generan vidas y
muertes, aciertos y errores; amor y dolor. “La
mancha humana” es ante todo una novela que critica esa doble moral con
la libertad: por un lado se exige tener libertad para todo, para amar, para
callar, para hablar, para mentir y para decir la verdad; pero por otro lado es
exige que siempre se ama a quien se tiene que amar, que se calle lo que hay que
callar, y que se hable lo que se tiene que hablar, nunca mintiendo y siempre
diciendo la verdad. La sociedad quiere la libertad pero a su vez impone qué
libertad debe ser y cómo debe conseguirse. Esa falta de moral, esa doble vara
de medir, esa hipocresía y ese cinismo están presentes en toda la novela, y Roth
lo trata de manera magistral, soberbia. Quien de verdad quiera echar unas horas
intensas leyendo este novelón no se va a arrepentir y lo va a disfrutar
muchísimo, eso sí hay que estar preparado para releer ciertos pasajes para
comprenderlos en toda su extensión, porque las reflexiones que impone Roth son
más que interesantes. Nunca pensé que iba a acabar tan encantado con este
libro, pero siempre hay que estar dispuesto a encontrar estas joyas.
Caronte.
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