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domingo, 8 de mayo de 2022

Los muertos

No recuerdo muy bien qué me llamó la atención de esta novela y, sin embargo, me hice con ella en mi librería preferida de segunda mano, aquella que me ha descubierto muchos autores desde aquella primera tarde que la pisé hace ya muchos años. De Jorge Carrión apenas conocía nada de su obra, simplemente le oí presentar en el telediario hace no muchas semanas su última novela: una narración híbrida e inclasificable que simplemente por el hecho de mezclar géneros ya me llamó la atención. El título sí que despertó curiosidad, porque además en la librería no solo estaba esta novela de Jorge Carrión sino las otras dos con las que forma trilogía (no argumental, sino temática). Por eso creo que decidí a leerla y a adentrarme en un mundo literario nuevo que, en el fondo, siempre es un reto y una aventura, y como lector me considero aventurero y buscador de nuevos horizontes.

Intentar clasificar Los muertos dentro de algún género literario puede ser misión imposible porque creo que no encajaría en ninguno de ellos. Si nos centramos en su trama y argumento pues podríamos decir que es una novela de ciencia ficción fantástica, pero aún así esta descripción se nos quedaría muy corta ya que la forma en que está narrada nos hace ver que lo que tenemos entre manos y estamos leyendo va más allá de lo tradicional y convencional, de algo prestablecido y clásico. No se puede describir el argumento de esta novela sin decir que en el fondo lo que en ella se narra no es más que la descripción detallada de lo que sería una serie de televisión, dividida en dos temporadas, y un par de artículos periodísticos o incluso universitarios sobre la misma.

Jorge Carrión va más allá de la literatura en Los muertos. Incluso me atrevo a decir que sobrepasa la metaliteratura para hacer una obra de arte narrativa, una joya muy bien engarzada, tallada y pulida, para que brille por todas sus caras y termine por deslumbrar al lector. Forma y fondo se dan la mano para conformar un conjunto narrativo de primer nivel y que no se suele ver muy a menudo en el panorama literario español. En el fondo, esta es una novela muy arriesgada principalmente por cómo se presenta la historia al lector: una primera parte en la que se plasma en papel el guion y el desarrollo de una serie de televisión (pero que el lector no sabe que es una serie de televisión hasta que llega a la segunda sección de la novela); una segunda sección en forma de artículo en el que se desgrana la temporada y el fenómeno que supuso el estreno en televisión; una tercera igual que la primera en la que se desarrolla la segunda temporada de la serie; y una última sección en la que, también a modo de artículo, se hace una análisis del origen y las influencias de la serie y sus creadores.

A medida que fui leyendo la novela y atisbando por dónde me quería llevar su autor fui disfrutando más y más de Los muertos. Parte además de una premisa muy interesante y es la mezcla de la ficción con la realidad, el intercambio de géneros y el hacer pasar por mero ensayo lo que es uno de los ejercicios de ficción narrativa más originales que he leído nunca. Pero es que esta novela no es para pararse en los detalles, ni en su argumento, ni en su estructura: esta novela está para disfrutarla como un todo y para dejarse llevar por el inmenso poder que tiene la buena literatura, que no es otra que la que no solo te lleva a otra dimensión (la literaria) sino que, incluso, te hace dudar de la realidad tangible que nos rodea y llegar a hacerte la pregunta: ¿cuándo y en qué plataforma han emitido la serie Los muertos y por qué yo no la he visto ni me he dado cuenta de ella?

Sorprende y ayuda al contraste en todo el libro los dos registros que Jorge Carrión emplea en la narración. Así, si en las dos partes principales de Los muertos, aquellas en las que se narra la propia trama de lo que es la serie homónima, el registro es muy cinematográfico y visual, con frases cortas que simplemente sirven para ubicar la escena y avanzar la acción sin florituras, en las otras dos secciones del libro, lo que se supone artículos y ensayos sobre la propia serie, Carrión emplea un estilo mucho más académico y divulgador. Y todo sin perder el norte, sin dejar de tener claro que el objetivo que busca es tener al lector permanentemente en activo para involucrarle en la novela y la narración.

No exagero si digo que la lectura de Los muertos ha sido de las mejores experiencias lectoras que he tenido en mucho tiempo. Por diferente. Por retadora. Por fresca. Por tremendamente original. Poco se conoce a Jorge Carrión para lo que merecería ser conocido, y poco se habla de una novela como esta que deja al lector con cara de idiota, pero sabiendo, una vez ha terminado la lectura, que ha leído algo importante, bueno, grande. Un librazo en toda regla con una mezcla de literatura y ficción desbordante, toques bestiales de metaliteratura en los que se pregunta y se reflexiona sobre el arte, la creación y los límites de la propia ficción, y una estructura que es imposible que deje indiferente a nadie.

Caronte.

jueves, 27 de enero de 2022

La señora Potter no es exactamente Santa Claus

Comprar y leer este libro fue resultado de dos necesidades: la primera de ellas, saciar una curiosidad, ya que desde que se publicó no he dejado de ver en redes sociales buenos comentarios, recomendaciones y reseñas sobre él; la segunda viene de mi incapacidad de hacer un trayecto en transporte público sin ir leyendo, por lo que tuve que comprar este libro en Santiago de Compostela después de que en el AVE de ida a la ciudad Jacobea acabara el libro que me estaba leyendo y me quedara, por tanto, sin libro para la vuelta. Fue ésta como podría haber sido cualquier otra la que comprara en Santiago, pero después de recorrerme varias librerías en la capital gallega al final decidí optar por esta novela ya que, en el fondo, llevaba tiempo ya con ganas de hacerme con ella.

Lo primero que llama la atención de este libro es su título, un título absolutamente maravilloso. de esos que atrapan desde el momento en el que lo lees. La señora Potter no es exactamente Santa Claus, título larguísimo para lo que estamos acostumbrados, destaca en cualquier listado de libros, en cualquier mostrador de novedades, en cualquier estantería; un título que bien podría ser simplemente la traducción de una novela clásica del siglo XIX inglesa, pero que sin embargo es un título de una novela escrita por una escritora española que ha desarrollado toda su obra en castellano: Laura Fernández. (Si me permitís la licencia a partir de ahora llamaré al libro simplemente La señora Potter).

La señora Potter es una novela que rebosa, desde la primera página, imaginación e inventiva, que desborda lo que estamos acostumbrados a leer en la narrativa y en la literatura española contemporánea y que nos lleva a otra época (que espero pueda recuperarse) en la que la ficción pura y dura era la protagonista de todas las novelas que se editaban en España. Ficción pura y dura: algo que se está perdiendo mezclando géneros, trayendo a colación vida de escritores que sinceramente a mí particularmente me trae sin cuidado, llamando ficción a lo que realmente es autoficción y por lo tanto una autobiografía y por lo tanto darse importancia sin tenerla. Laura Fernández ha escrito una obra original, simple y llanamente, de esas que escasean, con una historia llena de luces y sombras, de color, de oscuridad, de vida y de humor.

El argumento de esta novela simple no es, quiero decir, no hay una única trama sino muchas subtramas alrededor de lo que podríamos quizá considerar una trama principal que es que el dueño de una tienda de regalos relacionados con un libro escrito por una escritora que se hizo famosa única y exclusivamente por ese libro decide cerrarla para huir de ese pueblo que tan amargos recuerdos y vivencias le trae. De hecho, el título de esta novela La señora Potter no es exactamente Santa Claus es el título de esa novela ambientada en este pueblo que no solamente es un lugar, sino que prácticamente es un personaje que determina la conducta de todos los otros personajes de carne y hueso que aparecen en la novela. Personajes que junto con los diferentes lugares y marcas que aparecen en el libro tienen nombres absolutamente rimbombantes fruto de una imaginación absolutamente desbordada de la autora que le dan al libro una de sus más genuinas y originales peculiaridades.

He leído por ahí que La señora Potter es un libro que, si te paras a pensar, no narra más que absurdeces y por lo tanto es un libro con una trama absurda. Puede ser que sea verdad. De hecho, en más de una ocasión a lo largo de la lectura de estas 600 páginas me he planteado hacia dónde quería llevarnos la autora porque en el fondo no hay un destino de la lectura. Hacer un libro con tanta subtrama, con tanto personaje secundario, con tanto nombre llamativo, puede llevar al lector a perderse un poco en una narración que en más de una ocasión, debo de confesar, se hace pesada y densa. Pero vivan las absurdeces de este calibre y de esta calidad; esas absurdeces narrativas que transportan al lector a un mundo absolutamente único fruto exclusivamente de la imaginación de una escritora y de la capacidad imaginativa de cada lector que ubica en un Hola mundo único y exclusivo toda la novela.

Sin embargo, he de decir también que, pese a que en conjunto La señora Potter es una novela entretenida con momentos divertidos y momentos absolutamente profundos donde uno se da cuenta que pese a todo el envoltorio absurdo lleno de imaginación a veces subyacen una serie de reflexiones muy potentes sobre el arte, sobre la vida, sobre las relaciones padres-hijos, sobre lo que es en el fondo la vida, creo que le sobran unas cuantas páginas y que debido a su excesiva longitud la narración termina siendo un pelín repetitiva.

Para acabar simplemente añadir que creo que La señora Potter no es exactamente Santa Claus es una buena novela, quizá un poco larga en exceso, pero buena, a fin de cuentas. Pocas veces he leído un libro en el que la narración esté tan llena de lo que debe de ser realmente la literatura: invención, magia, generosidad con personajes, referencias clásicas, influencias de otros escritores, de otras narrativas, de otros estilos… desde luego puedo asegurar que esta novela no va a dejar indiferente a nadie lo más probable es que atrape desde el primer momento o te expulse directamente seas incapaz de avanzar más allá de las primeras páginas. Yo recomiendo dejarse llevar por esta novela, por esta historia, por este pueblo, Kimberly Clark Weymouth, qué es todo aquello que podemos imaginar y más. y disfrutar de una narración pura de ficción.

Caronte