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domingo, 6 de marzo de 2022

Cabotatge mediterrani

Creo que es inexplicable el hecho de que haya tardado tanto en acercarme a la obra de uno de los escritores catalanes, y por tanto españoles, más importantes del siglo XX: Josep Pla. Aunque si lo pienso bien, tampoco es que sea tan inexplicable cuando en Madrid todo lo que viene de Catalunya, y sobre todo en catalán, se deja en la nevera un tiempo, en hibernación, para que no se convierta rápidamente en algo popular y que sea de difícil acceso. Es una pena es complejo cultural que, tengo la impresión, ha tenido siempre Madrid con respecto a Barcelona, cuando es un hecho que la gran producción cultural se encuentra en la capital mediterránea de España y no en la burocrática oficial. Por eso cuesta encontrar obras de Josep Pla en abundancia en librerías (grandes, de barrio o independientes) en Madrid. Por eso me he tenido que acercar al centro cultural catalán de Madrid para poder tener acceso a un gran fondo de literatura en catalán del que me iré sirviendo poco a poco.

Josep Pla fue (y podría añadir que sigue siendo) una de las figuras literarias y periodísticas más importantes de Cataluña y Espanya (he escrito adrede ambos nombres) del siglo XX. Con una producción literaria, narrativa, ensayística y periodística inmensa, que abarca desde novelas, hasta ensayos, libros de viajes, artículos y reportajes, Pla es un pozo sin fondo para todo aquel que quiera comprender mejor lo que fueron los años más serios del siglo XX de Catalunya, España y Europa. Cabotatge mediterrani no es más que un grano de arena en el desierto que conforma la obra literaria de Josep Pla, y si me he decidido empezar mi acercamiento a su obra por este libro es porque en el fondo el Mediterráneo siempre ha ejercido una fuerza muy importante sobre mí.

Cabotatge mediterrani es una obra híbrida entre el diario y la crónica de viajes. El cabotaje es el tipo de navegación y el transporte de mercancías y personas que se realiza de cabo en cabo, es decir, sin alejarse demasiado de la costa, teniendo siempre visible tierra firme en el horizonte. Este libro es exactamente eso, un viaje que a través de la visión de Josep Pla transporta al lector de puerto en puerto mediterráneo, desde Barcelona a Atenas pasando por Mallorca, Marsella, Génova, Nápoles, Palermo, Catania, Bríndisi o Corfú.

A modo de diario Josep Pla nos hace acompañarle en un viaje clásico por el Mediterráneo, ese mar común, cuna de muchas de las grandes civilizaciones que ha visto la humanidad y Europa (la griega, la romana, la cartaginesa, la andalusí…), cuyas dos orillas enfrentadas por la política son hermanas. Cabotatge mediterrani sirve también, y se puede leer, como guía turística de esas grandes y legendarias ciudades portuarias mediterráneas, llenas de vida, color y carácter, únicas e idiosincrásicas dentro de sus propias naciones.

Los puertos y sus ciudades siempre han sido grandes focos de intercambio, cultura, comercial, social, donde propios y extraños se daban la mano y mezclaban haciendo la conjunción perfecta entre culturas diversas. En Cabotatge mediterrani Josep Pla hace también una especie de comparación entre sus recuerdos antiguos de las ciudades que va visitando y su evolución con los años hasta convertirse en lo que ven sus ojos en el presente de la novela. Probablemente cualquier que hoy viajara a cualquiera de las ciudades mencionadas en el libro se encontraría con puertos y ciudades totalmente diferentes, ni mejores ni peores, simplemente cambiadas con el tiempo y los avatares de la historia, el comercio y la política.

Es imposible no encontrar en esta obra cierta melancolía por el carácter perdido en el Mediterráneo por la espalda dada por los países de la orilla norte de este nuestro mar común hacia los de la orilla sur. Ese desprecio de considerar segunda categoría a todo aquel país no europeo bañado por las aguas de Mare Nostrum, esa altivez y prepotencia ha conseguido simplificar la vida portuaria del Mediterráneo hasta casi conseguir eliminar todo el carácter propio y fuerte de aquellas ciudades que miraban al mar con esperanza, miedo y respeto. Cabotatge mediterrani es un homenaje a ese Mediterráneo legendario que tantas páginas de libros de viajes, epopeyas, leyendas y novelas, letras de canciones y poesías, ha inspirado.

Historia, memorias, anécdotas, cultura, turismo, reflexiones personales sobre política, urbanismo, sociedad y economía plagan Cabotatge mediterrani de principio a fin demostrando que Pla fue un gran conocedor de su tiempo y del mundo que le toco vivir e intentar comprender. No sé si esta es una obra representativa de Josep Pla o si por el contrario es de las menores, pero lo que sí sé es que con este libro se han vuelto a despertar en mí esas ganas de viajar, no como turista sino como viajero, por Europa y por el Mediterráneo concretamente, de conocer y saber más sobre nuestro presente y pasado para comprender mejor qué mundo es el que me ha tocado vivir. Desde luego ha merecido la pena haber descubierto a Pla tarde como ha sido mi caso.

Caronte.

martes, 8 de febrero de 2022

El enigma de las arenas

Esta es una de esas novelas a las que he llegado a través de otros libros en los que aparecía mencionada como uno de los grandes clásicos de las novelas de espionaje: quizá el origen de este género siendo pionera en el momento de su publicación allá por 1903. Y digo que llegado a este libro a través de otras lecturas porque es así: porque no ha sido ni uno ni dos los artículos que encontrado mencionando esta novela. Tampoco ha sido fácil dar con ella editada en castellano y tuve que recurrir a la segunda mano para hacerme con ella. De hecho, creo que ahora sale reeditada por Edhasa con prólogo de Arturo Pérez Reverte (quién está en todas las salsas de este tipo de novelas tan aventuras y con tanto mar) con lo que espero sea más fácil su lectura por aquellos que llevados por la curiosidad y buscando siempre lecturas interesantes y amantes obviamente de la novela de espías Hola decidan sumergirse en este viaje por el mar de frisia en velero intentando desentrañar un misterio.

Como pasa con todos los clásicos, esta novela hay que cogerla con mucho respeto; sobre todo aquellos lectores que, como yo, sentimos un especial interés y atracción por los libros y novelas de espías y tenemos en un pedestal a John le Carré o a Graham Greene. Hay que tener en cuenta también que El enigma de las arenas fue publicado en 1903 y que en esa época todavía había grandes coletazos de las novelas realistas naturalistas y costumbristas inglesas del siglo XIX. Por esta razón, que nadie se espere el nivel de acción o de reflexiones filosóficas que Hola novelas posteriores de espías fueron incorporando. En esta novela prima la descripción del paisaje, de una serie de sentimientos, diálogos muy concretos y actitudes sin dobles sentidos.

El enigma de las arenas gira en torno a un viaje en velero que un amigo propone a otro, funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores inglés, por las aguas del mar de Frisia entre islas frías, neblinosas y rodeadas por bancales de arena y canales que solo quedan navegables con la marea alta, mientras que cuando el agua baja periódicamente cada día se hace prácticamente imposible y muy peligroso navegar por esas aguas. Así, de un plan improvisado, surge una aventura en la que hay un misterio subyacente que los dos amigos por motivos diferentes cada uno pretende desentrañar.

Como muchas de las novelas de la época, esta es una novela de mar: hay mucho mar, mucho barco, muchos tecnicismos relacionados con la navegación, con los barcos y con la propia geografía marítima. El enigma de las arenas puede ser una novela que si nos quedamos simplemente en la descripción de maniobras náuticas, accidentes geográficos marítimos, rumbos, vientos y aparejos puede resultar tediosa de leer; como un Moby Dick cuando Herman Melville se pone erudito y relata describiendo cuál libro de anatomía las diferentes partes de una ballena, los diferentes tipos de arpones o de tipos de barcos que cazan cetáceos. No hay que olvidar el contexto y la época de aparición de este libro; sin él tampoco se entiende ni se entendería el por qué lo que está narrado está narrado.

Lo que tienen los clásicos es que una vez te adaptas a ellos y superas los prejuicios normales que se tienen a narraciones tan antiguas a las que no estamos ni por contexto ni por estilo acostumbrados hoy en día es que terminan atrapando. Por algo se los considera clásicos. Y más en este caso siendo El enigma de las arenas probablemente la primera gran novela de espionaje, pionera y precursora, por tanto, de este género tan importante durante todo el siglo XX y lo que llevamos de XXI. Tampoco hay que esperar de esta novela giros inesperados, cambios de trama a medio libro o sorpresas de última hora en cuanto al desarrollo de los acontecimientos; el argumento es lineal, original para la época y encuadrado en el contexto en el que se desarrollan los acontecimientos.

Con la perspectiva que da el tiempo y tras haber leído muchas novelas de espías de varios autores está claro que esta novela, que El enigma de las arenas es ese manantial del que, de una manera u otra, autores y libros han bebido, en mayor o menor cantidad, desde su publicación. Podría decir, siguiendo con los símiles náuticos y marítimos, que este libro es una especie de faro que cualquier escritor o escritora que quiera construir una novela de espías de corte clásico debe tener siempre como punto de referencia en su brújula y no perder de vista para no caer en artefactos falsamente originales que lo que se convierten es en tostones sin sentido.

Nadie que se diga amante de la novela de espías y que haya leído posteriormente a Conrad, le Carré, Greene, McEwan, Agatha Crhistie, y tantos debería dejar en el olvido El enigma de las arenas. Pese a tener poca relación con el contexto histórico actual esta novela sigue siendo una gran novela de aventuras y de espías clásicos. Además, teniendo en cuenta los años transcurridos desde su publicación, es admirable que se deje leer con tanta facilidad una vez te acostumbras a toda esa maraña de tecnicismos náuticos y marítimos que en el fondo dan a la novela ese aire tan clásico que tiene. Y como siempre digo de los clásicos al final siempre es un gusto leerlos.

Caronte.