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miércoles, 10 de agosto de 2022

La ciudad de los vivos

Los que amamos la literatura somos muchos y en un mundo editorial trufado semanalmente de novedades y lanzamientos estrella y novelas del mes, del año, de la década y del siglo, muchas veces es complicado realmente encontrar esos libros que hacen que sigamos amando la literatura como desde ese primer día en que terminamos de leer el libro que nos convirtió definitivamente en lectores empedernidos. No es sencillo, sin embargo, dar con uno de esos libros que nos reafirmen en nuestra confianza en la literatura como poder transformador de las personas y la sociedad. A veces simplemente pasa que un libro, proclamado como libro del año, lo cumple y tras su lectura te quedas diciendo “¿qué acabo de leer?” anonadado e intentando asimilar lo que el autor te ha contado en un buen puñado de páginas. Asombra la rotundidad con la que este libro ha puesto de acuerdo a lectores, editores, libreros y críticos; no suele pasar.

La ciudad de los vivos es la reconstrucción minuciosa de un terrible, brutal e inhumano asesinato en Roma en el año 2016, cuando dos hombres de unos 30 años mataron cruelmente e infligiendo una tortura y un sufrimiento poco común a un chaval de unos 20 años asestándole puñaladas, cortes y martillazos. Nicola Lagioia se obsesionó con un crimen sangriento y cruel, que conmocionó a toda Italia y que durante meses fue carne de tertuliar televisadas, crónica negra en prensa y morbo en redes sociales con infinidad de mensajes y comentarios y vídeos y publicaciones al respecto. De esa obsesión ha salido un libro brutal, soberbio y que actúa como un puñetazo en el mentón del lector para despertarlo ante una realidad que ni la más negra o terrorífica de las novelas es capaz de igualar.

No hay dudas de que el asesinato de Luca Varani a manos de Marco Prato y Manuel Foffo fue un acto terrorífico y La ciudad de los vivos lo atestigua gracias a la labor de documentación y recolección de documentación y testimonios de personas involucradas en aquel suceso de Lagioia. Pero, lo que más pavor me causa, lo que más me turba es que todo lo que en las páginas de este libro se narra es la más pura y tangible de las realidades. Ni la más imaginativa y perversa de las novelas negras que haya leído hasta el momento llevan a un asesinato así, quizá también porque aparentemente, y que se haya podido saber tras investigaciones policiales y judiciales de este caso, no hubo ningún móvil aparente para que Prato y Foffo acabaran con la vida de Varani.

Se podría llegar a pensar si más de 450 páginas no es un poco excesivo para contar un asesinato. Es lógico, quizá solo el asesinato no daría para tanto, pero como toda historia basada en una obsesión en esta Lagioia también nos habla del entorno social en el que todo este suceso tuvo lugar. Roma es un elemento esencial en La ciudad de los vivos, de hecho, da título al libro. La decadencia de una ciudad vendida al turismo, donde nada funciona, donde todo el mundo va a su bola y a su libre albedrio porque nadie desde el poder hacer nada por arreglarlo, donde la corrupción política, moral, ética, cultura y social impregnan todos los rincones, y donde las ruinas del antiguo Imperio Romano no son más que la materialización macabra e irónica de la ruina interior que vive la capital de Italia.

En La ciudad de los vivos conviven una crítica feroz a la sociedad actual que ha hecho que los jóvenes no tengan un futuro hacia el que orientarse, con una definición de la toxicidad de las relaciones que la juventud entabla con su alrededor, tanto sentimentales como de amistad, donde la soledad, la desubicación personal, la represión de uno mismo, la homofobia (porque es de homofobia dentro y fuera del colectivo lgtbi), las drogas y el alcohol como ejes vertebradores del ocio juvenil y la escasez de dinero en un mundo donde todo gira en torno a tenerlo en grandes cantidades para creerse libre marcan a las personas. Este libro no es simplemente la crónica de un asesinato, su concepción, su ejecución y sus consecuencias posteriores, sino que se convierte en un espejo macabro en el que leer lo que somos como sociedad (y, aunque Roma sea la ciudad donde se centra todo, cualquier capital o gran ciudad del mundo pueden verse reflejadas en ella de una u otra manera).

La homofobia aún instaurada en la sociedad está en el corazón de esta historia. Una homofobia interna y externa, desde uno mismo a la sociedad, que hace que las personas teman y se nieguen a ser quienes son. Prato, Foffo y Varani eran homosexuales, el primero abiertamente, los otros dos se lo negaban permanentemente engañándose a ellos mismo y cayendo en pozos de perdición personales por vivir permanentemente una doble vida embustera. La ciudad de los vivos muestra como tanto la sociedad como nosotros mismos (ya que nosotros somos parte indisoluble de la sociedad) condicionan y generan acciones, sentimientos y odios cruzados que nos destruyen. Miedo da además reconocer en las páginas de este libro verdades como puños y ver cómo nos dirigimos a la ruina existencia casi sin frenos.

Quien empiece La ciudad de los vivos no lo va a soltar. Y no lo hará porque desde el primer momento subyuga, desde la primera página el lector se va a ver arrastrado por una mezcla de morbo, repulsión, odio y voluntad de saber y comprender el porqué de un asesinato de este calibre y magnitud. Pero como buen espejo que es de la sociedad que nos está tocando vivir, como pantalla en la que el lector va a ver los vicios y las pocas virtudes de una sociedad sin rumbo que exige y exige sin pararse a pensar en cuales son los debes y obligaciones para con ellos mismo y para con la sociedad, tampoco es fácil enfrentarla con total sinceridad, porque cada lector, todos a fin de cuenta vamos con ideas preconcebidas sobre cada uno de los temas que aquí se tratan. Lean y disfruten.

Caronte.

viernes, 6 de mayo de 2022

La loca de la puerta de al lado

Esta vez la elección de esta novela ha venido motivada por fiarme de la editorial que la publica y no por nada más. De hecho, hace ya un tiempo que mis lecturas no se guían por las sinopsis de las contraportadas ni por resúmenes ni nada por el estilo. Voy más a por títulos o autores que me han llamado la atención sin pararme mucho a pensar de qué va a tratar el libro que voy a leer. Esto puede ser una gran ventaja porque te ahorras las ideas preconcebidas, pero también es un peligro sobre todo si te dejas llevar demasiado y empiezas a leer una novela pensando que es novela, y cuando empiezas te das cuenta que de novela no tiene nada y es una autobiografía camuflada de narrativa personal o auto ficción. Y es que este género tan extendido últimamente está muy lejos de interesarme lo más mínimo, y si alguna vez me he acercado a alguna obra de ese carácter ha sido por dejarme llevar demasiado por críticas.

Cada persona tiene una relación diferente con la literatura y busca respuestas distintas. La relación que se crea entre un lector y la literatura es única e intransferible. No existen dos lectores iguales, ni tan siquiera parecidos. Por ello hay libros para todos, géneros, autores, historias y formas de narrar y contar. Y cada persona buscará y leerá y disfrutará de aquello que le conmueve, emociona y llena. La loca de la puerta de al lado es un libro escrito por Alda Marini en el que la escritora italiana, casi olvidada incluso en su propio país debido a su enfermedad mental, narra su vida y cómo tuvo que lidiar siempre, desde que era joven con un mundo que su trastorno mental le hacía ver de manera diferente a como alguien “normal” lo vería.

Con un estilo tan personal como lírico y onírico, lleno de imágenes sugerentes, hermosas y poéticas, Alda Merini narra en La loca de la puerta de al lado diferentes episodios de su vida divididos en cuatro secciones: amor, secuestro, familia y dolor, en las que reflexiona en pequeños fragmentos, no siempre conexos, sobre esos temas que marcaron su vida, sus éxitos y fracasos, sus alegrías y penurias, sus momentos de tormento y sus momentos de pasión.

El problema que he tenido con La loca de la puerta de al lado es que sinceramente, más allá de haber disfrutado de un estilo muy personal y poético, poco más me ha interesado. Con todo el respeto del mundo tanto a la autora italiana, una de las grandes olvidadas de la literatura transalpina, como a la editorial, a la que respeto profundamente porque me ha dado ya varias lecturas soberbias, en esta ocasión la auto ficción o directamente la autobiografía quizá novelada me ha dejado no solo indiferente sino frío y totalmente desinteresado. No encuentro puntos en común con una autora cuya vida, siendo trágica y dramática y estando llena de dificultades y prejuicios negativos en una época donde a los locos se los internaba sin posibilidad casi de redención, poco me aporta o con la que en poco o nada puedo sentirme identificado.

Mi poca conexión con La loca de la puerta de al lado no impide que reconozca que es un libro valiente y desgarrador en el que Marini se expuso a carne viva dejando en su escritura todos sus miedos, rencores, esperanzas y traumas. Y esto siempre es difícil. Tengo la impresión que pocos libros autobiográficos son tan sinceros como este; en pocos libros de auto ficción, tan de moda ahora mismo, sus autores, centros ególatras de la narración, se desnudas con tanta verdad como lo hizo Merini en esta obra casi nacida de sus entrañas, casi una parte más de ella misma, de su conciencia, de su alma.

Pero aún así me he aburrido porque no me interesa saber de la vida de autores que nunca he seguido o admirado o leído previamente. De hecho, es que me importa poco o nada la vida de nadie real. Yo en la literatura busco historias diferentes, nuevas, llenas de imaginación e inventiva, que me trasladen física y sensorialmente a otros mundos que sean como este, a otras latitudes, a otros ambientes que no suelo frecuentar, que me expongan sentimentalmente y reten mi intelecto con dilemas morales que giren alrededor de los más profundos temas que siempre han preocupado al ser humano. La loca de la puerta de al lado no ha cumplido con ninguna de esas premisas que busco en un libro. Insisto en que lo único que podría salvar es el estilo, verdaderamente bello y lleno de imágenes creadas por una escritora probablemente excepcional pero tocada con una mente distinta y poco o nada comprendida.

Caronte.

viernes, 1 de abril de 2022

El Gatopardo

A veces la literatura debe servir para sosegar, tranquilizar, calmar, para leer por el mero hecho de estar leyendo, sentado en un sillón, con un café cerca, relajado y dejando que la mente vague por el texto disfrutando. Hay pocos libros que se presten a ello, y de los que se escriben hoy en día casi ninguno es de este tipo. Ahora todo tiene que ir a una velocidad ultrarrápida y en las novelas deben pasar muchas cosas con muchos y diversos personajes. Lo contrario no solo no vende, sino que ni tan siquiera llama ya la atención. Hubo una época que no era así; una época en la que la literatura servía para tranquilizar sin tener que cumplir ningún tipo de entretenimiento como si fuera una canción o una película. Es como si los escritores (y los editores) tuvieran miedo de publicar novelas en las que solo pasa la vida y no hay asesinatos, ni romances, ni conflictos, ni mentiras…

El Gatoparto es una de estas novelas escritas para leer con calma y sosiego buscando, además, la tranquilidad que da una novela bien escrita donde lo que se cuenta, aún teniendo una importancia relativa, no es lo principal sino cómo está escrita y la paz que transmite en cada página. Giuseppe Tomasi di Lampedusa, de noble cuna y alta alcurnia, solo escribió una novela es toda su vida, ésta, pero qué novela… El de este noble italiano, de vieja estirpe y cultura excelsa, es uno de los casos literarios más extraordinarios: con una única obra publicada y escrita ha logrado ser una de las referencias culturales italianas, posicionando su novela en el canon clásico de la literatura de su país.

Ambientada en una Sicilia de otro tiempo, mediados del siglo XIX, y teniendo como centro al Príncipe de Salina y su vida en una isla y una Italia en transición entre dos mundos y formas de entender la sociedad, El Gatopardo es una novela histórica, costumbrista y familiar, con un trasfondo intenso de eventos políticos y cambios sociales que hacen de esta novela un fresco muy interesante para los amantes de la historia y de la propia literatura. El trasfondo general de la novela se desarrolla en plena revolución italiana en la que Garibaldi reunifica a todos los reinos italianos bajo un único monarca y bandera, bajo un único himno y una organización política única intentando llevar a Italia a la modernidad de la época sacándola de ese áurea medieval que aún cubría todos los aspectos de la sociedad.

Antes de acercarme a El Gatopardo lo único que me venía a la cabeza con esta novela era la película italiana clásica. Nada más. Bueno, sí, también me venía a la cabeza todo tipo de especulaciones sobre el contenido de una novela que siempre ha estado en libros pendientes de leer por tratarse de un clásico, pero que nunca terminaba de acercarme a ella por el mismo hecho de ser un clásico. Pero ha caído en mis manos, y a lo largo de sus páginas he viajado a una Sicilia probablemente ya extinta, pero que aún en la segunda mitad del siglo XIX tenían un aire medieval de servilismo muy acentuado. Iglesia y Nobleza eran los centros alrededor de los cuales giraba todo lo demás. La pleitesía a los nobles terratenientes por parte de campesinos y pueblo llano, la intelectualidad del cabeza de familia, la simpleza de las jovencitas enamoradas de los apuestos militares… Un clásico en toda regla, escrito a mediados del siglo XX pero con aires de novela del XIX inglesa.

Partiendo de que la novela perfecta no existe, hay muchas que, conformando un canon, pueden juntar cualidades entre ellas que las hacen rayanas a la perfección. El Gatopardo es una obra redonda, quizá no perfecta, pero sí de esas que quedan fijadas en el imaginario colectivo del mundo de la literatura y del Olimpo cultural de un país, en este caso Italia. En el imaginario colectivo literario de Sicilia e Italia está esta novela, donde el paisaje y el entorno son tan importantes como los propios personajes y las mismísimas reflexiones que en las páginas de este libro se narran. Hay mucho análisis de personalidades, muchas reflexiones sobre la vida, el amor y los cambios sociales que se avecinan dejando atrás un mundo y una época ya caduca y podrida por el tiempo.

Debo de confesar mi enorme sorpresa al terminar El Gatopardo y haberme encontrado con una novela que no imaginaba para nada así y cuya historia y su ambientación me han cautivado. Con un estilo elaborado, pero nada barroco o florido, Giuseppe Tomasi di Lampedusa logra en su primera y última novela lo que miles de escritores pretenden conseguir y nunca lograr en libros y libros fastuosos y pretenciosos. La lectura de esta obra merece calma, tranquilidad y reposo. Y, además, lo mejor para acercarse a esta novela ya clásica de la literatura italiana es hacerlo sin pretensiones y sin saber nada más de ella que su título. Quien se acerque a esta lectura así, en blanco, la disfrutará.

Caronte.

domingo, 6 de marzo de 2022

Cabotatge mediterrani

Creo que es inexplicable el hecho de que haya tardado tanto en acercarme a la obra de uno de los escritores catalanes, y por tanto españoles, más importantes del siglo XX: Josep Pla. Aunque si lo pienso bien, tampoco es que sea tan inexplicable cuando en Madrid todo lo que viene de Catalunya, y sobre todo en catalán, se deja en la nevera un tiempo, en hibernación, para que no se convierta rápidamente en algo popular y que sea de difícil acceso. Es una pena es complejo cultural que, tengo la impresión, ha tenido siempre Madrid con respecto a Barcelona, cuando es un hecho que la gran producción cultural se encuentra en la capital mediterránea de España y no en la burocrática oficial. Por eso cuesta encontrar obras de Josep Pla en abundancia en librerías (grandes, de barrio o independientes) en Madrid. Por eso me he tenido que acercar al centro cultural catalán de Madrid para poder tener acceso a un gran fondo de literatura en catalán del que me iré sirviendo poco a poco.

Josep Pla fue (y podría añadir que sigue siendo) una de las figuras literarias y periodísticas más importantes de Cataluña y Espanya (he escrito adrede ambos nombres) del siglo XX. Con una producción literaria, narrativa, ensayística y periodística inmensa, que abarca desde novelas, hasta ensayos, libros de viajes, artículos y reportajes, Pla es un pozo sin fondo para todo aquel que quiera comprender mejor lo que fueron los años más serios del siglo XX de Catalunya, España y Europa. Cabotatge mediterrani no es más que un grano de arena en el desierto que conforma la obra literaria de Josep Pla, y si me he decidido empezar mi acercamiento a su obra por este libro es porque en el fondo el Mediterráneo siempre ha ejercido una fuerza muy importante sobre mí.

Cabotatge mediterrani es una obra híbrida entre el diario y la crónica de viajes. El cabotaje es el tipo de navegación y el transporte de mercancías y personas que se realiza de cabo en cabo, es decir, sin alejarse demasiado de la costa, teniendo siempre visible tierra firme en el horizonte. Este libro es exactamente eso, un viaje que a través de la visión de Josep Pla transporta al lector de puerto en puerto mediterráneo, desde Barcelona a Atenas pasando por Mallorca, Marsella, Génova, Nápoles, Palermo, Catania, Bríndisi o Corfú.

A modo de diario Josep Pla nos hace acompañarle en un viaje clásico por el Mediterráneo, ese mar común, cuna de muchas de las grandes civilizaciones que ha visto la humanidad y Europa (la griega, la romana, la cartaginesa, la andalusí…), cuyas dos orillas enfrentadas por la política son hermanas. Cabotatge mediterrani sirve también, y se puede leer, como guía turística de esas grandes y legendarias ciudades portuarias mediterráneas, llenas de vida, color y carácter, únicas e idiosincrásicas dentro de sus propias naciones.

Los puertos y sus ciudades siempre han sido grandes focos de intercambio, cultura, comercial, social, donde propios y extraños se daban la mano y mezclaban haciendo la conjunción perfecta entre culturas diversas. En Cabotatge mediterrani Josep Pla hace también una especie de comparación entre sus recuerdos antiguos de las ciudades que va visitando y su evolución con los años hasta convertirse en lo que ven sus ojos en el presente de la novela. Probablemente cualquier que hoy viajara a cualquiera de las ciudades mencionadas en el libro se encontraría con puertos y ciudades totalmente diferentes, ni mejores ni peores, simplemente cambiadas con el tiempo y los avatares de la historia, el comercio y la política.

Es imposible no encontrar en esta obra cierta melancolía por el carácter perdido en el Mediterráneo por la espalda dada por los países de la orilla norte de este nuestro mar común hacia los de la orilla sur. Ese desprecio de considerar segunda categoría a todo aquel país no europeo bañado por las aguas de Mare Nostrum, esa altivez y prepotencia ha conseguido simplificar la vida portuaria del Mediterráneo hasta casi conseguir eliminar todo el carácter propio y fuerte de aquellas ciudades que miraban al mar con esperanza, miedo y respeto. Cabotatge mediterrani es un homenaje a ese Mediterráneo legendario que tantas páginas de libros de viajes, epopeyas, leyendas y novelas, letras de canciones y poesías, ha inspirado.

Historia, memorias, anécdotas, cultura, turismo, reflexiones personales sobre política, urbanismo, sociedad y economía plagan Cabotatge mediterrani de principio a fin demostrando que Pla fue un gran conocedor de su tiempo y del mundo que le toco vivir e intentar comprender. No sé si esta es una obra representativa de Josep Pla o si por el contrario es de las menores, pero lo que sí sé es que con este libro se han vuelto a despertar en mí esas ganas de viajar, no como turista sino como viajero, por Europa y por el Mediterráneo concretamente, de conocer y saber más sobre nuestro presente y pasado para comprender mejor qué mundo es el que me ha tocado vivir. Desde luego ha merecido la pena haber descubierto a Pla tarde como ha sido mi caso.

Caronte.

jueves, 12 de agosto de 2021

La vida mentirosa de los adultos

 

Volver a leer algo de Elena Ferrante tras haber terminado la saga de las dos amigas de Nápoles hace unos meses era casi cuestión de necesidad para mí. Cuando supe que este año la misteriosa escritora italiana sacaría libro nuevo empecé a seguirle la pista. Obviamente sabía que las altas cuotas de calidad narrativa y literaria alcanzadas con las cuatro novelas de Nápoles iba a ser muy difícil de igualar. No obstante, pese a las altas expectativas que llevaba tenía ganas de volver a leer a Ferrante para sumergirme de nuevo en una historia de gente normal, en un universo tan particular como universal, ambientada en Nápoles como podría estar ambientada en Sevilla, Valencia o Madrid. Lo único malo que suelen tener las expectativas es que si son muy elevadas se corre el serio riesgo de quedar insatisfecho y decepcionado, con la consiguiente pérdida de confianza en la literatura ya que muchas veces se da por hecho que un escritor debe emularse continuamente en cada una de sus novelas, cuando para nada esto es una seguridad absoluta.

La mentira está en nuestras vidas desde el mismo momento en que salimos del engaño del ratoncito Pérez, los Reyes Magos o Dios. En el mismo momento en que entramos en la vida de los adultos, y no es necesariamente cuando se es mayor de edad, asumimos que el mundo está repleto de mentiras: que se miente para vivir o para sobrevivir. La vida mentirosa de los adultos es el relato de cómo una joven de familia acomodada y burguesa progresista de Nápoles entra en esa vida dándose cuenta de que mentir no es un accidente, sino parte del paisaje de la vida, inherente a nuestra existencia de hecho.

El escenario por el que se moverá el lector será de nuevo Nápoles: ciudad ya conocida para los lectores de Ferrante ya que en ella se desarrollan las cuatro novelas de la saga de las dos amigas que tanto furor despertaron hace años. Un Nápoles descrito a la perfección, tanto sus barrios acomodados como los más humildes y en el que se ven los grandes contrastes entre tradición y vanguardia, pobreza y burguesía, clase y vulgaridad. La vida mentirosa de los adultos es una novela que no tiene muchas pretensiones más que reflejar la cotidianeidad y la normalidad de personajes humildes con problemas comunes y relaciones interpersonales que da igual el lugar del mundo en el que estemos que siempre se dan de la misma manera.

Nadie puede dudar a estas alturas de que Elena Ferrante, con el bombazo que fue la saga napolitana rompió los moldes de la narración costumbrista retratando como pocos han hecho la vida humilde de gentes normales y corrientes con las que el lector puede sentirse totalmente identificado y retratado incluso. En La vida mentirosa de los adultos Ferrante sigue explotando ese filón costumbrista italiano/napolitano, pero pierde parte del tirón y la magia que tuvo su tetralogía. O, al menos, esto es lo que me ha pasado a mí: que no he entrado en la historia de la manera que entré en sus novelas anteriores.

Como siempre digo, que un libro no me haya llegado es más problema mío que del autor o autora. En este caso, sabiendo que Elena Ferrante escribe como pocos autores, tengo que asumir que el que tras la lectura de La vida mentirosa de los adultos haya quedado frío y quizá, muy a mi pesar, decepcionado, es más mi culpa que suya. Reconozco que me he aburrido mucho durante la lectura de esta novela que pretende alcanzar las cuotas de intimidad y profundidad emocional que tienen las novelas de su saga napolitana sin conseguirlo ni de lejos. No es una mala novela, pero no es la novela que esperaba encontrar.

Pese a que la historia que Ferrante cuenta en La vida mentirosa de los adultos no haya resultado de mi interés y me haya costado avanzar en ella por encontrarla quizá algo más repetitiva de lo normal y casi esperable, sí tengo que decir que no hay autora que retrate Nápoles (o cualquier otra ciudad) como hace Ferrante en sus novelas. En esta novela de nuevo Nápoles y sus barrios, sus gentes, sus ruidos y olores, sus tradiciones, calles, plazas y parques son un elemento fundamental en el desarrollo de la trama. Nápoles no es un mero escenario sino mucho más, significando toda la vida en sí misma con sus dobleces, contrastes, mentiras, evoluciones, malos y buenos momentos. Las novelas de Ferrante son perfectas guías turísticas espaciotemporales que nos llevan a una Nápoles que fue pero que, en cierto modo, estoy seguro, que sigue siendo.

Es cierto que La vida mentirosa de los adultos no me ha entusiasmado, pero es una novela que sigue la senda de la saga de las dos amigas. Ferrante narra como nadie los conflictos personales y familiares, sin contemplaciones ni remilgos, y retrata como pocos su ciudad. También es cierto que alcanzar el nivel que se alcanzó con las novelas de las dos amigas es muy difícil y por tanto todo lo que venga después pues lo más seguro es que no esté a la altura de aquello. Sin embargo, estoy seguro de que cualquier lector a quien le entusiasme una historia de madurez, de paso de la infancia inocente a la adultez mentirosa y contradictoria, donde las pasiones y los impulsos rigen la vida más que los placeres del vivir tranquilo, encontrará en esta novela una gran lectura, entretenida y perfecta para esas pérfidas tardes de agosto en la piscina o junto al mar.

Caronte.

viernes, 23 de julio de 2021

M. El hijo del siglo

Llego a este libro tras leer multitud de críticas y opiniones, todas positivas, todas poniéndolo como uno de los libros que no pueden faltan en una biblioteca personal, todas ensalzándolo como un libro fundamental para entender muchas cosas de nuestro pasado que a través del espejo del tiempo vemos reflejadas hoy en día. Hace casi 20 días que me adentré en las páginas de esta descomunal obra narrativa (son 800 páginas y no es más que el primero de una trilogía) que ganó el año pasado el premio literario más importante de Italia y que una gran campaña de promoción literaria lanzó en España como uno de esos libros que marcarán el año editorial. Es posible que lo haga, y sin duda marcará a los lectores que se quieran adentrar en sus páginas, tanto para bien como para mal, porque desde luego que no les va a dejar indiferentes su lectura. Al final diré cómo he salido de este libro.

Si soy reticente a leer libros que superen las 350 páginas, y mucho más si superan las 500, es por algo. La experiencia me dice que suelen ser libros o densos en los que te pierdes a las primeras de cambio o aburridos a más no poder extendidos adrede para que el escritor cobre más por la cantidad de páginas empleadas. Ninguno de los dos aspectos es positivo. Pocos son los libros extensos que mantienen al lector atrapado y entretenido a lo largo de toda su extensión. M. El hijo del siglo es un libro no extenso, sino descomunal: 800 páginas en las que el escritor italiano Antonio Scurati ha narrado y reconstruido (con hechos cuando había documentación histórica de la que tirar y con imaginación cuando los huecos historiográficos lo demandaban) el nacimiento del fascismo italiano y el surgimiento de una de las figuras políticas clave de la Europa de entreguerras: Benito Mussolini, entre los años 1919 y 1924.

Analizado fríamente, la premisa de la que parte la narración de este libro resulta de lo más interesante. Leer cómo poco a poco en una sociedad como la italiana, sureña como la española, de sangre caliente y corazones llenos de orgullo mal interpretado y digerido, va permeando una concepción de la vida, de la cultura, de la política y de la sociedad donde la fuerza bruta se impone a la razón es interesante a la par de ilustrativo. M. El hijo del siglo es un libro que refleja la deriva de la sociedad italiana tras la IIGM en la que un hombre como Mussolini logra apoderarse de todo el poder por medios legales en términos políticos, pero dudosos en términos morales.

Da miedo comprobar cómo entre lo que Scurati narra en M. El hijo del siglo parece reproducirse hoy en día por doquier en sociedades que se suponía democracias establecidas y estables, maduras por así decirlo. Es sobrecogedor cómo parece ser que lo que se empleó hace un siglo y fue el germen de una de las ideologías más dañinas y mortales de la historia, como es el fascismo, genera ecos en el presente y emuladores de actitudes y formas de concebir la nación, el estado y la política.

Sin embargo, creo que todo lo bueno que puede tener este libro se acaba en el momento en que sus 800 páginas carecen de fluidez narrativa (o soy yo que he sido incapaz de resonar con el libro con su ritmo peculiar) y su densidad se hace tal que lo único que quería era avanzar y pasar páginas para poder acercarme al final y terminarlo. M. El viajero del siglo no es una novela, me niego a considerar este libro como una obra de ficción por mucho que parte de los huecos de la vida de Mussolini sean rellenados con la inventiva de Scurati. No. Me niego. Esto no es literatura, es un libro de historia, aunque la gran campaña publicitaria y de promoción lo haya vendido de otra manera.

Quizá soy injusto o un poco radical, pero es que con todas las expectativas que tenía puestas en esta supuesta “novela” sobre Mussolini y su ascenso al poder en Italia, pronto quedé hastiado y si he terminado M. El hijo del siglo ha sido por orgullo, porque me decía constantemente que no podía ser que no fuera capaz de terminar el libro, que algo debía de tener para haber tenido tantas buenas críticas y haber ganado el más importante premio literario italiano. Yo no he encontrado en sus 800 páginas más que un libro de historia, malo además porque no hay ni una sola referencia bibliográfica y da por supuesto el nivel cultural e histórico de los lectores sobre un periodo muy convulso y lleno de acciones, acontecimientos, nombres propios y referencias que Scurati da por sentado que todo lector tiene en mente.

Datos, acontecimientos, referencias, hechos, fechas y nombres muchos nombres plagan las 800 páginas de M. El hijo del siglo, y menos mal que al final hay un listado de todos los nombres que van apareciendo en el libro que si no sí que hubiera sido descorazonadora y lamentable la lectura de este libro. Tengo claro que mi relación con Mussolini, aunque pueda resultar muy interesante y atractiva por, como he dicho antes, ver ecos del pasado en nuestro presente político más actual, y con la trilogía de Scurati acaba con este primer tomo. No creo que soportara otras 800 páginas por libro.

Estamos en verano y soy consciente de que muchos leéis más ahora que en cualquier otra época del año. Y siempre hay que elegir bien las lecturas para este periodo estival extenso donde tenemos más tiempo libro que nunca. Evitad M. El hijo del siglo, y lo digo desde el respeto que tengo a la literatura, la narrativa y la historia. Este libro no es una novela, es un libro de historia con todas las de la ley. Aunque claro, si lo que pretendéis es adentraros en un periodo histórico y en un personaje tan atractivos como la Italia de entreguerras, el auge y nacimiento del fascismo y la figura inmensa y chulesca de Mussolini, allá vosotros. Yo aviso: encontraréis un libro no fácil de leer ni de seguir atento.

Caronte.

viernes, 22 de enero de 2021

Las deudas del cuerpo

He tardado más de lo que me hubiera gustado, pero de nuevo diversas lecturas y libros se han interpuesto en mi camino hacia el encuentro, o mejor dicho rencuentro, con la Saga Napolitana de Elena Ferrante. Por fin he leído (devorado sería la palabra más adecuada) la tercera de las entregas de esta tetralogía que pronto se convertirá en un clásico de las letras italianas universales conformándose en libros de lectura obligada para entender el siglo XX italiano y las dinámicas sociales del país más mediterráneo de Europa, y si no de toda la bota italiana sí de su parte más única como es Nápoles (y con Nápoles no me refiero únicamente a la ciudad vecina del Vesubio, sino a todo el territorio que en su día conformó el reino napolitano). Una vez terminada esta tercera entrega me reafirmo en lo que ya pensé cuando leí las dos primeras: Elena Ferrante, aunque sea nombre ficticio, es una de las más grandes narradoras que he tenido el gusto de leer.

Las deudas del cuerpo” continúa con la vida de Lila y Lenù tal y donde la dejamos en el libro anterior: ambas amigas un tanto distanciadas, frías, con una amistad sólida, necesaria por ambas partes, pero muy arisca, con muchas aristas cortantes que al menos descuido puede generar un corte que desangre a alguna de las dos mujeres. Sin embargo, en esta tercera entrega hay un cambio de punto de vista: la novela se centra mucho más en Lenù, en la escritora Elena Greco cuya novela rompe moldes y sacude a la sociedad italiana, y menos en Lila, aunque esta siga muy presente en la vida de Lenù.

Lugares y personajes ya conocidos por los lectores de Ferrante y los seguidores de esta saga napolitana verán de nuevo como en las páginas de “Las deudas del cuerpo” se van sucediendo las escenas en Nápoles, en el viejo y ajado barrio de Lila y Lenù, pero también en Florencia, Milán y otras ciudades italianas de renombre y cultura. Y también nos rencontraremos con personajes de siempre, intermitentes, dolientes, extraños, sentimentales, peligrosos: Nino, Pascuale, Enzo, Anonio, Gigliola, Nunzia, Ada, los Solara, los Carracci, Bruno Soccavo; y al mismo tiempo, mientras el lector recuerda quienes son esos personajes de siempre, los que llenaron páginas y páginas de las dos novelas anteriores, también nuevos nombres se añaden a la madeja que teje el telar de la vida de las dos amigas: Pietro, Adele, Dede, Elsa, Eleonora, Nadia…

Los que hemos ido leyendo con fruición a Elena Ferrante y su saga napolitana vemos cómo en “Las deudas del cuerpo” hay un cambio radical en los personajes: ya no son intentos de adultos, sino adultos propiamente dicho. Lenù y Lila ya son más bien Elena y Lina, cada una con su vida, sus problemas, su intento de encontrar un hueco en el mundo, su lucha constante contra ellas mismas, su pasado, su presente y su previsible futuro. Sueños, miedos, fantasmas del pasado, presencias constantes, amenazas, ideales, lágrimas, risas, recuerdos; las páginas de este libro están repletas de vida, de la vida común y ordinaria de todos nosotros. Porque, a fin de cuentas, la vida de Lila y Lenù no es más que nuestra propia vida: la vida de gente corriente que intenta hacer su vida sin saber muy bien cómo.

Pero dejadme hablar de Elena Ferrante porque en “Las deudas del cuerpo” vuelve a hacer fácil algo que los que intentamos escribir, lográndolo o no a duras penas, sabemos que es enormemente complicado: hilar la historia que queremos contar. Y digo que hace fácil algo que no lo es porque no es sólo que Ferrante haya logrado hacer una novela redonda, es que de momento los tres libros de la tetralogía de Nápoles que he leído son absolutamente perfectos: estilo maravilloso, personajes grises perfectamente definidos y caracterizados cuya evolución a lo largo de las páginas va siendo palpable, ciudades con su idiosincrasia y lugares comunes perfectamente descritas con sencillez, relaciones interpersonales complejas expuestas de manera práctica, sentimientos complejos plasmados en papel con tal intensidad y verdad que por momentos uno siente el mismo miedo ante lo desconocido que los propios personajes.

Envidio profundamente lo que Elena Ferrante está consiguiendo no solo en “Las deudas del cuerpo” sino en las dos novelas anteriores y probablemente también en la que cierra la saga. Pero es que además de plantear una historia de una amistad desde sus comienzos, también está siendo capaz, y en esta novela se ve más claramente que en las anteriores, de narrar la historia de Italia, de Nápoles y quizá de todo el sur del país transalpino, desde finales de los años 40 en adelante. Hay mucha política en las páginas de esta tercera entrega; mucho fascismo, mucha violencia, mucho camorrismo, mucha revolución social, mucho empoderamiento de la mujer, mucho comunismo. La complejidad hecha relato es lo que es esta saga: la complejidad humana y social narrada con tal sutileza y buen hacer que el lector no puede más que quedar prendado de las páginas de los libros de esta saga.

No puedo recomendar “Las deudas del cuerpo” sin recomendar las dos entregas anteriores básicamente porque los 4 libros que componen la Saga de las Dos Amigas, o Saga Napolitana de Ferrante conforman un todo-uno. No pueden leerse por separada porque en el fondo son un único libro, una única historia: la de dos niñas/chicas/mujeres que desde siempre se han conocido y han vivido de manera entrelazada sus vidas sabiéndose atadas la una a la otra, aunque en diferentes etapas de su vida esa amistad pudiera no ser tal. Lo que sí recomiendo es que si alguien se anima a hincar el diente a estos libros que se siente y disfrute de horas de la mejor literatura que se puede encontrar.

Caronte.

martes, 1 de septiembre de 2020

Piazza d'Italia

Tabucchi… Soy incapaz de describir el grandísimo descubrimiento que hace dos años fue Antonio Tabucchi para mí. Frescura, una capacidad de fabulación asombrosa, entretenimiento, atracción inmediata por la narración… Creo que pocos autores han conseguido confirmarse en uno de mis preferidos y más buscado en librerías de viejo y segunda mano, como lo ha hecho este, ya fallecido, escritor italiano. Me da pena que sea poco conocido en España teniendo en cuenta la calidad abrumadora de sus novelas, su maravilloso estilo narrativo y esas fábulas tan mágicas que bien hubieran merecido mucho más reconocimiento público que el que creo que se le dio en vida (no en Italia, donde ha sido uno de sus grandes novelistas de las últimas décadas). Pocos son los libros de Tabucchi que encuentro en librerías normales, y han sido las de segunda mano (en este caso la Cuesta del Moyano) las que me han provisto de sus libros, y ya van unos cuantos, agrandando mi biblioteca personal siempre con gusto.

Piazza d’Italia” es una fábula llena de magia que nos transporta, a través de varias generaciones de una familia de la Italia rural, a vivir la propia historia de un país complejo y convulso como es la propia Italia. Desde la revolución que supuso la reunificación italiana bajo la corona de los Saboya y la leyenda de Garibaldi, hasta los primeros compases de la Italia actual donde la miseria se viste de prosperidad simplemente porque no hay guerra sino paz, pasando por las dos guerras mundiales y el fascismo que tanto mal hizo en Italia.

Voy a atreverme a hacer una comparación literaria a pesar de que quizá me falten aún muchos años y decenas de lecturas para poder hacerla con fundamento. “Piazza d’Italia” podría perfectamente formar parte de ese género literario creado en Iberoamérica hace décadas llamado realismo mágico. Lo llevo observando en todos los libros que he leído de Tabucchi hasta la fecha, pero nunca tan clara y nítidamente como en esta obra. En esta novela he visto paralelismos claros con “Cien años de soledad” por ejemplo: una familia con nombres parecidos, sino iguales, entre sus miembros; gobernantes sucesivamente apartados del pueblo; ciudadanos movidos por supersticiones; una realidad interpretada y descrita con una fabulación llena de referencias sensitivas, etc.

Obviamente el estilo de Tabucchi no es el de García Márquez, o el de Carlos Fuentes, o el de Vargas-Llosa, o incluso el de Ana María Matute aquí en España, pero todos tienen esa magia interior literaria que plasman en sus libros de manera magistral llevando al lector a un mundo, que es el nuestro, pero que al mismo tiempo no lo es. “Piazza d’Italia” con sus apenas 150 páginas es una delicia para los lectores, es una narración llena de magia, melancolía, crudeza, imágenes oníricas y bellísimas, que llevan a los amantes de la literatura a otro nivel. Además, Tabucchi escribe sin parecer artificial, cosa que en algunos escritores del realismo mágico no es así, y su prosa envuelve al lector y lo arrastra casi sin quererlo.

Sonidos, colores, sabores, gestos, miradas, desesperaciones, injusticias, el tiempo y la vida. Todo pasa delante del lector a medida que avanza en la lectura de “Piazza d’Italia”. Tabucchi hace un repaso sutil pero sublime de la historia de Italia desde el punto de vista de los que siempre sufren todos los avatares de la historia y nunca cambian de lado en la misma: campesinos, curas idealistas que se deben a su pueblo sufriente, doliente, pobre, miserable; partisanos, comunistas, mujeres duras y valientes, fuertes como rocas; todos con pasados y presentes llenos de historias que contar, anécdotas vitales, temores viscerales, supersticiones enquistadas en su ADN.

Es curioso y revelador cómo Tabucchi en “Piazza d’Italia”, que además fue su primera novela, es capaz de dar una calidad literaria de este nivel y anticipando, sin apenas variar a posteriori, un mundo literario único, mágico, fabuloso y fabulador (que son dos cosas bien distintas). Además, la novela está narrada en tres partes, cada una de las cuales dividida en pequeños retazos de historias que hacen que la trama avance de manera suave y delicada y sin pausa. Retazos todos ellos llenos de belleza, con una escritura de imágenes tan sugerentes que en más de una ocasión hacen que el lector quiera releerlos para terminar de degustar una prosa tan delicada.

Nunca me cansaré de recomendar a Antonio Tabucchi. Nunca. Si soy sincero al inicio de la lectura de “Piazza d’Italia” tuve mis dudas, y pensé que el libro me decepcionaría por no estar a la altura del resto de novelas suyas que ya había leído. Pero a medida que avancé en su lectura esa percepción cambió. Es una novela casi perfecta en la que se ve qué escritor va a ser Tabucchi. Probablemente no la recomendaría como primera lectura para conocer a este magnífico escritor italiano, pero sin duda la recomiendo una vez se haya entrado en su mundo literario para conocer sus orígenes. Estoy deseando toparme con el siguiente libro suyo que compraré en alguna libería de segunda mano.

Caronte.