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jueves, 11 de marzo de 2021

Piedras en el bolsillo

 

Cuando hace unos meses leí por primera vez a Kaouther Adimi me di cuenta de que era una escritora con una sensibilidad diferente, nueva, pegada a su generación, que habla de gente joven sin tapujos, mostrando sus miedos, inseguridades, losas pasadas que les lastran. Lo bueno, además, de esta autora es que no pretende ser algo que no es y escribir libros larguísimos que más que historias que importen se convierten casi en tratados del aburrimiento; sus dos libros que me he leído se devoran en un abrir y cerrar de ojos y se disfrutan con tal intensidad que una vez acabados dejan un vacío importante. Aún digo más, Adimi es una escritora tan dotada para empatizar con una generación y transmitir belleza en su melancolía que el lector se siente acogido mientras lee, mientras va descubriendo lo que les pasa, sienten y piensan los protagonistas de sus libros. Y esa unión entre las dos orillas del Mediterráneo terminan de poner la guinda a sus obras uniendo dos mundos que siempre me han interesado por igual.

“Piedras en el bolsillo” (en francés en el original, que es como yo lo he leído “Des pierres dans ma poche”) es una novela en la que se entremezclan culturas y generaciones. Oriente y occidente, ambas orillas del Mediterráneo, una cultura que en el fondo es la misma, se dan la mano es este libro. También se confrontan dos generaciones de mujeres la de la protagonista: una joven argelina que se muda a París para vivir y trabajar y hacer su vida anhelando la libertad total de la que carece en su país de origen; y la generación de la madre de la protagonista, más chapada a la antigua, con las tradiciones muy presenten e inmutables a pesar del tiempo y de la evolución social a su alrededor.

Enfrentada a sus recuerdos, a su pasado, a sus raíces de las que en cierto modo huyó buscando alejarse de ellas tras saber que tiene que volver a Argel desde París para asistir a la boda de su hermana pequeña, la protagonista de “Piedras en el bolsillo” está encerrada entre dos mundos, entre dos espadas que la amenazan por igual. Así, por un lado, retornar a Argelia tras varios años viviendo en París la enfrenta a su pasado y a sus recuerdos de una infancia no del todo infeliz, pero al mismo modo le plantea el dejar por unos días una ciudad fría y distante en la que nadie es nadie.

El desarraigo, las dudas, las inseguridades, los convencionalismos sociales de los que muchos intentamos huir o fingimos huir, pero que siguen pensando demasiado en nuestros actos… “Piedras en el bolsillo” es una novela generacional, de esa generación de jóvenes (alrededor de la treintena) que ve cómo su vida y la de sus padres es totalmente opuesta y es incapaz de saber si quiere romper definitivamente con ese pasado, con esas raíces, y hacerse una vida nueva independientemente de la de los convencionalismos y tradiciones de sus padres.

“Piedras en el bolsillo” es de las novelas con las que más identificado me he sentido últimamente, con la que más he empatizado porque pese a no ser mujer y no tener esa presión social añadida del tener que encontrar novio, casarme y formar una familia, ni tener mis raíces en una cultura diferente a donde vivo, siento como míos los mismos sentimientos de desamparo, soledad, pérdida y desubicación que siente la protagonista.

Algo que hace Adimi, al menos en sus dos novelas que he leído, es mezclar esos dos mundos que siempre se han dado la mano y a la vez la espalda: oriente y occidente en el Mediterráneo. “Piedras en el bolsillo” insiste en ellos quizá más que “Nuestras riquezas”, la primera novela de esta autora que leí, mostrando más claramente los contrastes sociales y de raíces que existen y siempre han convivido. Toda la cultura mediterránea tiene las mismas raíces, y aunque los de la orilla norte (occidente) nos creamos diferentes y superiores cultural y socialmente a los de la orilla sur (oriente) no somos más que almas gemelas, condenadas a entenderse y a dejar de darse la espalda. Al final yo creo que esto es lo que subyace en este libro: esa necesidad de mirarse a la cara entre madre e hija, que representan dos concepciones de la vida diferentes y al mismo tiempo necesarias la una de la otra.

El año pasado gracias a que la editorial española Libros del Asteriode, de la que siempre estoy pendiente de sus novedades, publicó en español la novela de Adimi “Nuestras riquezas” descubrí a esta magnífica escritora. Tras haber leído “Piedras en el bolsillo” confirmo aquella primera gran y buena impresión y creo que estoy ante una escritora con cuyas obras voy a empatizar más que con ninguna otra por esa manera de plasmar en palabra lo que muchas veces es tan difícil transcribir: los sentimientos oscuros, negativos, melancólicos (porque lo bueno siempre es más sencillo de expresar al no darnos reparo el hacerlo). Leed a Kaouther Adimi y dejaos llevar de su mano.

Caronte.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Nuestras riquezas. Una librería en Argel

Desde marzo o abril no leía en francés. Al final siempre lo voy dejando pasar, siempre dejo para mañana el pedir y comprar un libro en francés y ponerme con él. Puede que sea pereza no reconocida, pero estoy más seguro de que es más bien desconocimiento del mercado editorial francés y de la mayoría de sus escritores y escritoras. Y vuelvo al francés gracias también en parte a la editorial española Libros del Asteroide; editorial que suele tener bastante presente en mis búsquedas de nuevas lecturas porque suelen publicar siempre libros muy interesantes. En este caso me fijé en este libro, publicado hace ya dos años, pero que por h o por b he dado con él hace no mucho, y leyendo un poco sobre él e investigando un poco sobre su joven autora y me hicieron directamente comprar el libro en francés y leerlo. Y no me puedo arrepentir menos de la decisión tomada ya que ha sido una experiencia maravillosa la lectura de esta brevísima novela que mezcla realidad y ficción de manera soberbia.

“Nos richesses”, que es el título original en francés de esta novela (clavado al español, salvo por el hecho de que en la edición en nuestro idioma se le añade un subtítulo), es un precioso canto de amor a los libros, la literatura, los escritores y el Mediterráneo. La autora, argelina de nacimiento, ha recreado es este breve libro la vida literaria de un personaje peculiar que fue una figura cultural muy importante en Argel durante muchos años. Edmond Charlot no es un personaje de novela, existió de verdad, y fundó en los años 40 una editorial y una librería en Argel. Una minúscula librería y una muy humilde editorial que pretendían dar luz a la cultura mediterránea y voz a los autores argelinos.

Kaouther Adimi combina en “Nos richesses” realidad y ficción, esta última de la mano de Ryad un joven que termina en Argel para hacer unas prácticas universitarias consistentes en terminar de desmontar la librería que en su día fundara Charlot, para mostrarnos como quien no quiere la cosa, la evolución social y política de Argelia desde la preguerra mundial al día de hoy como país independiente de su metrópoli francesa.

Y es que “Nos richesses” en su brevedad (no llega a las 200 páginas) es capaz de condensar la historia de Argel durante los años convulsos de la IIGM y las incipientes revueltas que terminaron con su independencia, al mismo tiempo que muestra la Argelia actual y el Argel mágico que conserva su aire puramente mediterráneo. Pero además de este contexto histórico, que Adimi ha condensado maravillosamente sin ser pedante ni pretendiendo ser historiadora, al lector se le presenta el mundo de los libros como liberador, como motor de cambio social, como núcleo de la cultura y el pensamiento libres.

La vida y obra de Edmond Charlot me ha parecido soberbia y dura por el éxito no reconocido ni quizá alcanzado verdaderamente. Con tenacidad, ilusión, fuerza de voluntad y reponiéndose a cada infortunio y falta de suerte poniendo aún más ganas, no solo abre una minúscula pero acogedora librería en Argel, sino que funda una pequeña editorial donde en su momento publicó sus primeros textos Albert Camus. Y todo esto Adimi lo va contando en “Nos richesses” sirviéndose de una especie de diario escrito por Charlot durante unos veinticinco años y en el que vamos viendo, no sólo cómo sus sueños van poco a poco tomando forma, sino como el siglo XX avanza con sus atrocidades, barbaridades y ansias de libertad.

“Nos richesses”, como dije antes, es un canto de amor por los libros, la escritura, los editores, los libreros, las librerías, los escritores. Es una bellísima carta de amor a la literatura en todas sus formas. Es además un libro sobre libros. He de reconocer que de esta novela he sacado futuras lecturas, y no una ni dos, sino un buen puñado. Además, este es un libro dedicado a potenciar la visión liberadora de los libros, porque junto a la estancia del personaje ficticio de Ryad en la librería protagonista de la novela aparece un tal Abdallah, un misterioso anciano que recuerda la importancia de los libros para hacernos crecer no solo intelectualmente sino como sociedad a nivel personal.

He de decir también que “Nos richesses” se lee prácticamente de un tirón, incluso en francés (idioma en el que debería leer más y no estoy tan acostumbrado a hacerlo como el inglés). Adimi utiliza un lenguaje nada pretencioso, un estilo simple, sencillo, pero lleno de belleza y verdad. Eso es lo más importante. La impostura en muchos escritores actuales que se creen Tolstoi o Dickens escribiendo hace que muchas veces las novelas actuales sean pretenciosas y orgullosas dando la espalda a los lectores. Esta joven escritora argelina habla al lector de tú a tú y le cuenta una historia llena de belleza, intensidad, historia y otras historias y libros.

Leer este librito ha sido una muy grata experiencia. “Nos richesses” me ha llevado a Argel, una ciudad que quiero visitar más pronto que tarde, me ha trasportado a una época que siempre me ha parecido muy atractiva: los últimos años de la colonización africana. No me arrepiento nada de haber leído esta novela, de hecho, ya la escogí con buenas referencias y con ilusión, con altas expectativas, y todo se ha cumplido. Lo malo de esto es ver qué se lee ahora; encontrar algo que deje una vez leído una especie de hueco y añoranza. Lo bueno es que a través de Adimi y esta novela he descubierto a una nueva autora, ella misma, y un buen puñado de libros. Y en el fondo esto es lo que debería generar todos los libros que leemos.

Caronte.