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viernes, 25 de febrero de 2022

Dora Bruder

Desde el año que concedieron el Nobel a Patrick Modiano y que aproveché para acercarme a la obra de este escritor francés al que hasta entonces desconocía, no había vuelto a leer nada suyo. Por suerte y casualidad, hace unos días, durante una de mis visitas a mi librería de segunda mano de referencia di con una de sus obras más famosas: esta que hoy voy a reseñar. No lo dudé y directamente salí de la librería con este libro en el bolsillo (literalmente, ya que, a diferencia de lo que pasa con las ediciones de bolsillo españolas, las francesas sí que caben a la perfección en el bolsillo de un abrigo). El haber leído esta novela sin tenerlo pensado de ante mano es de esas pequeñas sorpresas que me da la vida a veces y que hacen que mis lecturas anuales no siempre vayan por los caminos que pueda plantearme de ante mano.

Patrick Modiano es un escritor intimista, con un mundo literario y unas formas narrativas muy personales, no siempre típicas y comunes, que hacen que su obra sea diferente a lo que las corrientes literarias pueden marcar. Dora Bruder es un ejemplo perfecto de esta manera tan íntima y personal de entender la literatura. Partiendo de hechos reales ya que Dora Bruder fue una mujer de carne y hueso real que sufrió el holocausto nazi en su propia piel y que un buen día desapareció de la noche a la mañana, Modiano urden un libro melancólico donde se hace muchas preguntas sobre la vida, el pasado y el presente; preguntas que no siempre es capaz de responder.

A modo de libro que cuenta el proceso de investigación personal de Modiano para intentar reconstruir la vida de Dora Bruder, el escritor francés aprovecha para hacer también, como además es ya típico en sus novelas (al menos en las que yo he leído), una especia de radiografía de París y sus calles, plazas, bulevares y cafés intentando coser en un mismo plano presente y pasado evocando recuerdos que traen una ciudad, un eco de pasos, imposible de ubicar en la actualidad. Dora Bruder es un libro donde la ficción apenas hace aparición ya que son los hechos reales los protagonistas y si no estos, sí los recuerdos de Modiano.

Tirando de diversos hilos, tanto oficiales como los de su propio recuerdo, Modiano presenta en Dora Bruder una historia cruda de persecución judía durante los años de la ocupación nazi de Francia y de cómo París poco a poco se fue haciendo invivible para los judíos que ser vieron señalados primero, perseguidos después y por último encerrado en campos de concentración franceses o deportados para nunca retornar a sus casas. Sin embargo, pese a este trasfondo, este libro ni es pesimista ni sentimentalista ni dramático. Nada sórdido se narra en él, nada morboso o cruel. El tono es más bien melancólico y nostálgico por algo que pasó y que parece que cayó en el olvido.

Una de las características que más me gustan de Modiano es su sencillez a la hora de plantear temas que van más allá de lo simbólico y que dejan cierto poso post lectura en quien lee alguno de sus libros. Dora Bruder puede parecer un libro menor, simple y sin sustancia, pero una vez leído al final se tiene la impresión de que se ha buscado con el mismo ahínco a Dora, siguiendo por un París presente sus pasos por un París remoto e inexistente e intentando desentrañar qué pasó por la cabeza de esta joven judía durante la persecución nazi.

Lo bueno de los libros de Modiano es que no se pueden hacer pesados puesto que su extensión no suele ser excesiva, haciendo de sus lecturas, al menos en tiempo y duración de las mismas, algo breve. Esto no quita por supuesto para que alguno de sus libros pueda ser de un tedio absorbente, pero no suele pasar tampoco porque el Nobel francés sabe dosificar recuerdos personales con aquello que quiere transmitir y contar. Dora Bruder es un buen ejemplo representativo de la obra general de Modiano y es una lectura interesante, tanto por forma como por contenido, que avanza llevando al lector del presente al pasado y vuelta al presente de nuevo para hacernos vivir una historia dual: propia y ajena.

Para los que alguna vez se hayan ya acercado a la obra de Patrick Modiano, Dora Bruder es una lectura totalmente complementaria al resto de su obra. Aquí no van a encontrar ficción sino una historia real. Bueno, dos historias reales, la de Dora Bruder y la del propio autor intentando reconstruir pasos y emociones de la joven judía desaparecida sin dejar rastro muchos años después. No sé, sin embargo, si para quien no se haya acercado antes a la obra de Modiano si este libro puede despertarles el interés suficiente para tras su lectura proseguir descubriendo a un escritor muy particular e intimista que no pretende en sus libros más que encontrarse a sí mismo en sus recuerdos.

Caronte.

jueves, 8 de abril de 2021

Las gratitudes

 

Mi búsqueda constante de nuevos autores y autoras para leer en sus idiomas maternos hace que tenga en la recámara una buena lista de escritoras (porque lo que este año más estoy buscando son mujeres) tanto en inglés como en francés. Una de esas autoras que llevan pendiente bastante más tiempo del que deseo es Delphine De Vigan, autora que hace tiempo sigo y de la que voy sabiendo novedades en español, pero a la que me falta tiempo para leer. Hace un par de años leí una primera novela suya que me dejó quizá más frío de lo que esperaba, quizá puede que fuera el momento de lectura de aquel libro, o quizá es que elegí mal el primer libro suyo que leer. No obstante, esta vez he tirado de recomendaciones a través de perfiles que sigo en redes sociales y he elegido una novela muy corta pero muy intensa, donde los sentimientos quedan a flor de piel.

Las gratitudes es de esas novelas que se leen en apenas un suspiro y que no dejan al lector respirar, agarrándole donde más le duele para soltarle destrozado después de una lectura vista y no vista. Y es que no exagero si digo que la novela se puede leer en apenas unas horas, en una tarde de climatología adversa que anime a no salir de casa y en la que las propuestas audiovisuales no convenzan del todo.

Una novela tan breve como Las gratitudes no puede tener un argumento ni un hilo narrativo demasiado complejo. Es así. En esta novela Delphine De Vigan nos presenta a tres personas: Jerôme, Marie y Michka (diminutivo de Michèle). Pero en el centro de ese trío está Michka, una anciana que empieza a no poder valerse por sí misma y se ve irremediablemente llevada a una residencia. Marie, una mujer joven, es una especie de vecina, amiga íntima de Michka, pero su relación, su vínculo es mucho más intenso que una simple vecindad o amistad; sin ser una relación de parentesco lo parece y de hecho al principio de la novela el lector puede llegar a pensar que es la sangre la que une a las dos mujeres. Jerôme por su parte es un simple especialista en la tercera edad, que visita a Michka en la residencia para intentar mejorar su estado y sus problemas de habla.

La novela está narrada por partes en las que se alternan las voces narrativas de Marie y Jerôme. Son ellos los que nos van llevando a lo largo de las páginas de Las gratitudes a través de la vida, o el final de la misma, de Michka. Aviso de que esta es una novela dura, donde los sentimientos siempre están a flor de piel, y donde se va viendo, página a página, el final de una persona, su degradación, su apagado. Todos los que hemos pasado por algo similar, como es ver a un familiar, a alguien muy cercano y querido, apagarse de esta manera, por días, sin prisa, pero sin pausa, encontraremos en esta novela un espejo donde mirarnos, donde ver cómo todo final es igual, aquí o en Francia o en el rincón más remoto del mundo.

Cuando llega un final, cualquier final, de cualquier tipo, pero sobre todo el final de la vida de alguien, y más si ese alguien es una persona amada, querida, apreciada, se pone de manifiesto lo importante que puede llegar a ser una palabra, una sola. Las gratitudes también es una novela sobre el decir y el callar, sobre cómo un “gracias” puede cambiarlo todo. Pero también quedamos advertidos en esta novela de cómo un silencio puede causar impotencia, infelicidad, dolor, muerte, desconsuelo y desconcierto. Palabra callada es palabra muerta, oportunidad perdida para expresar cómo nos sentimos.

En una sociedad como la actual donde las palabras pierden cada día su importancia mezcladas con debates absurdos sobre su uso, donde los políticos de toda índole pervierten el lenguaje a su favor vaciando de contenido palabras otrora sagradas Las gratitudes se yergue como una obra donde la palabra es lo importante, no solo debido al problema que vemos a lo largo de la novela que va sufriendo en mayor grado a cada página Michka, sino en su conjunto. Si no somos capaces de decir un gracias, un te quiero, un perdón, ¿qué nos queda? Nada: el olvido.

Las gratitudes es una novela que no va a dejar indiferente a nadie que la lea. Llega a lo más profundo del corazón y el espíritu y remueve conciencias. Nos plantea el final de una vida desde dos puntos de vista diferentes con el único punto en común de las palabras: tanto su presencia como su ausencia. Además, subyace en la propia historia de Michka un pasado también movido por una búsqueda para agradecer a quienes le salvaron su ayuda. Pero, en el fondo las tres personas que llenan esta novela tiene palabras para agradecer, gestos que denotan agradecimiento y ternura, vínculos generados difíciles de romper, emociones que les desgarran cuando el silencio se impone a la vida. Y al final, lo que creo que todos buscamos en una novela es que nos emocione, nos conmueva, no nos deje indiferente, y desde luego, esta novela no va a pasar sin pena ni gloria por el lector que decida leerla.

Caronte.

jueves, 11 de marzo de 2021

Piedras en el bolsillo

 

Cuando hace unos meses leí por primera vez a Kaouther Adimi me di cuenta de que era una escritora con una sensibilidad diferente, nueva, pegada a su generación, que habla de gente joven sin tapujos, mostrando sus miedos, inseguridades, losas pasadas que les lastran. Lo bueno, además, de esta autora es que no pretende ser algo que no es y escribir libros larguísimos que más que historias que importen se convierten casi en tratados del aburrimiento; sus dos libros que me he leído se devoran en un abrir y cerrar de ojos y se disfrutan con tal intensidad que una vez acabados dejan un vacío importante. Aún digo más, Adimi es una escritora tan dotada para empatizar con una generación y transmitir belleza en su melancolía que el lector se siente acogido mientras lee, mientras va descubriendo lo que les pasa, sienten y piensan los protagonistas de sus libros. Y esa unión entre las dos orillas del Mediterráneo terminan de poner la guinda a sus obras uniendo dos mundos que siempre me han interesado por igual.

“Piedras en el bolsillo” (en francés en el original, que es como yo lo he leído “Des pierres dans ma poche”) es una novela en la que se entremezclan culturas y generaciones. Oriente y occidente, ambas orillas del Mediterráneo, una cultura que en el fondo es la misma, se dan la mano es este libro. También se confrontan dos generaciones de mujeres la de la protagonista: una joven argelina que se muda a París para vivir y trabajar y hacer su vida anhelando la libertad total de la que carece en su país de origen; y la generación de la madre de la protagonista, más chapada a la antigua, con las tradiciones muy presenten e inmutables a pesar del tiempo y de la evolución social a su alrededor.

Enfrentada a sus recuerdos, a su pasado, a sus raíces de las que en cierto modo huyó buscando alejarse de ellas tras saber que tiene que volver a Argel desde París para asistir a la boda de su hermana pequeña, la protagonista de “Piedras en el bolsillo” está encerrada entre dos mundos, entre dos espadas que la amenazan por igual. Así, por un lado, retornar a Argelia tras varios años viviendo en París la enfrenta a su pasado y a sus recuerdos de una infancia no del todo infeliz, pero al mismo modo le plantea el dejar por unos días una ciudad fría y distante en la que nadie es nadie.

El desarraigo, las dudas, las inseguridades, los convencionalismos sociales de los que muchos intentamos huir o fingimos huir, pero que siguen pensando demasiado en nuestros actos… “Piedras en el bolsillo” es una novela generacional, de esa generación de jóvenes (alrededor de la treintena) que ve cómo su vida y la de sus padres es totalmente opuesta y es incapaz de saber si quiere romper definitivamente con ese pasado, con esas raíces, y hacerse una vida nueva independientemente de la de los convencionalismos y tradiciones de sus padres.

“Piedras en el bolsillo” es de las novelas con las que más identificado me he sentido últimamente, con la que más he empatizado porque pese a no ser mujer y no tener esa presión social añadida del tener que encontrar novio, casarme y formar una familia, ni tener mis raíces en una cultura diferente a donde vivo, siento como míos los mismos sentimientos de desamparo, soledad, pérdida y desubicación que siente la protagonista.

Algo que hace Adimi, al menos en sus dos novelas que he leído, es mezclar esos dos mundos que siempre se han dado la mano y a la vez la espalda: oriente y occidente en el Mediterráneo. “Piedras en el bolsillo” insiste en ellos quizá más que “Nuestras riquezas”, la primera novela de esta autora que leí, mostrando más claramente los contrastes sociales y de raíces que existen y siempre han convivido. Toda la cultura mediterránea tiene las mismas raíces, y aunque los de la orilla norte (occidente) nos creamos diferentes y superiores cultural y socialmente a los de la orilla sur (oriente) no somos más que almas gemelas, condenadas a entenderse y a dejar de darse la espalda. Al final yo creo que esto es lo que subyace en este libro: esa necesidad de mirarse a la cara entre madre e hija, que representan dos concepciones de la vida diferentes y al mismo tiempo necesarias la una de la otra.

El año pasado gracias a que la editorial española Libros del Asteriode, de la que siempre estoy pendiente de sus novedades, publicó en español la novela de Adimi “Nuestras riquezas” descubrí a esta magnífica escritora. Tras haber leído “Piedras en el bolsillo” confirmo aquella primera gran y buena impresión y creo que estoy ante una escritora con cuyas obras voy a empatizar más que con ninguna otra por esa manera de plasmar en palabra lo que muchas veces es tan difícil transcribir: los sentimientos oscuros, negativos, melancólicos (porque lo bueno siempre es más sencillo de expresar al no darnos reparo el hacerlo). Leed a Kaouther Adimi y dejaos llevar de su mano.

Caronte.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Nuestras riquezas. Una librería en Argel

Desde marzo o abril no leía en francés. Al final siempre lo voy dejando pasar, siempre dejo para mañana el pedir y comprar un libro en francés y ponerme con él. Puede que sea pereza no reconocida, pero estoy más seguro de que es más bien desconocimiento del mercado editorial francés y de la mayoría de sus escritores y escritoras. Y vuelvo al francés gracias también en parte a la editorial española Libros del Asteroide; editorial que suele tener bastante presente en mis búsquedas de nuevas lecturas porque suelen publicar siempre libros muy interesantes. En este caso me fijé en este libro, publicado hace ya dos años, pero que por h o por b he dado con él hace no mucho, y leyendo un poco sobre él e investigando un poco sobre su joven autora y me hicieron directamente comprar el libro en francés y leerlo. Y no me puedo arrepentir menos de la decisión tomada ya que ha sido una experiencia maravillosa la lectura de esta brevísima novela que mezcla realidad y ficción de manera soberbia.

“Nos richesses”, que es el título original en francés de esta novela (clavado al español, salvo por el hecho de que en la edición en nuestro idioma se le añade un subtítulo), es un precioso canto de amor a los libros, la literatura, los escritores y el Mediterráneo. La autora, argelina de nacimiento, ha recreado es este breve libro la vida literaria de un personaje peculiar que fue una figura cultural muy importante en Argel durante muchos años. Edmond Charlot no es un personaje de novela, existió de verdad, y fundó en los años 40 una editorial y una librería en Argel. Una minúscula librería y una muy humilde editorial que pretendían dar luz a la cultura mediterránea y voz a los autores argelinos.

Kaouther Adimi combina en “Nos richesses” realidad y ficción, esta última de la mano de Ryad un joven que termina en Argel para hacer unas prácticas universitarias consistentes en terminar de desmontar la librería que en su día fundara Charlot, para mostrarnos como quien no quiere la cosa, la evolución social y política de Argelia desde la preguerra mundial al día de hoy como país independiente de su metrópoli francesa.

Y es que “Nos richesses” en su brevedad (no llega a las 200 páginas) es capaz de condensar la historia de Argel durante los años convulsos de la IIGM y las incipientes revueltas que terminaron con su independencia, al mismo tiempo que muestra la Argelia actual y el Argel mágico que conserva su aire puramente mediterráneo. Pero además de este contexto histórico, que Adimi ha condensado maravillosamente sin ser pedante ni pretendiendo ser historiadora, al lector se le presenta el mundo de los libros como liberador, como motor de cambio social, como núcleo de la cultura y el pensamiento libres.

La vida y obra de Edmond Charlot me ha parecido soberbia y dura por el éxito no reconocido ni quizá alcanzado verdaderamente. Con tenacidad, ilusión, fuerza de voluntad y reponiéndose a cada infortunio y falta de suerte poniendo aún más ganas, no solo abre una minúscula pero acogedora librería en Argel, sino que funda una pequeña editorial donde en su momento publicó sus primeros textos Albert Camus. Y todo esto Adimi lo va contando en “Nos richesses” sirviéndose de una especie de diario escrito por Charlot durante unos veinticinco años y en el que vamos viendo, no sólo cómo sus sueños van poco a poco tomando forma, sino como el siglo XX avanza con sus atrocidades, barbaridades y ansias de libertad.

“Nos richesses”, como dije antes, es un canto de amor por los libros, la escritura, los editores, los libreros, las librerías, los escritores. Es una bellísima carta de amor a la literatura en todas sus formas. Es además un libro sobre libros. He de reconocer que de esta novela he sacado futuras lecturas, y no una ni dos, sino un buen puñado. Además, este es un libro dedicado a potenciar la visión liberadora de los libros, porque junto a la estancia del personaje ficticio de Ryad en la librería protagonista de la novela aparece un tal Abdallah, un misterioso anciano que recuerda la importancia de los libros para hacernos crecer no solo intelectualmente sino como sociedad a nivel personal.

He de decir también que “Nos richesses” se lee prácticamente de un tirón, incluso en francés (idioma en el que debería leer más y no estoy tan acostumbrado a hacerlo como el inglés). Adimi utiliza un lenguaje nada pretencioso, un estilo simple, sencillo, pero lleno de belleza y verdad. Eso es lo más importante. La impostura en muchos escritores actuales que se creen Tolstoi o Dickens escribiendo hace que muchas veces las novelas actuales sean pretenciosas y orgullosas dando la espalda a los lectores. Esta joven escritora argelina habla al lector de tú a tú y le cuenta una historia llena de belleza, intensidad, historia y otras historias y libros.

Leer este librito ha sido una muy grata experiencia. “Nos richesses” me ha llevado a Argel, una ciudad que quiero visitar más pronto que tarde, me ha trasportado a una época que siempre me ha parecido muy atractiva: los últimos años de la colonización africana. No me arrepiento nada de haber leído esta novela, de hecho, ya la escogí con buenas referencias y con ilusión, con altas expectativas, y todo se ha cumplido. Lo malo de esto es ver qué se lee ahora; encontrar algo que deje una vez leído una especie de hueco y añoranza. Lo bueno es que a través de Adimi y esta novela he descubierto a una nueva autora, ella misma, y un buen puñado de libros. Y en el fondo esto es lo que debería generar todos los libros que leemos.

Caronte.