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lunes, 30 de mayo de 2022

The Spoilt City

Hace dos años gracias a la editorial Libros del Asteroide di con una autora y una novela que iniciaba una trilogía ambientada en la Europa siempre más olvidada, aquella que también ha sido siempre maltratada en parte por ese mismo olvido: los Balcanes, Rumanía y Grecia. Libros del Asteroide recuperó La Gran Fortuna, libro que inicia la Trilogía de los Balcanes de Olivia Manning: una escritora inglesa, injustamente olvidada y eclipsada por la pluma de otros hombres contemporáneos con ella, pero que cumple con absolutamente todas las características para ser un clásico de la narrativa inglesa del siglo XX donde la aristocracia y la burguesía, junto con ciertas dosis de épica y de espionaje, han sido unos de los grandes temas. No sé si Libros del Asteroide tiene pensado o no concluir la trilogía de Manning, lo bueno es que en inglés también se han reeditado recientemente y gracias a ello podré en los próximos meses, lecturas pendientes mediante, concluir con ella.

The spoilt city continua la historia de la joven pareja conformada por Harriet y Guy Pringle junto en el momento exacto en el que se dejó en The great fortune. Olivia Manning no hace fantasiosos avances temporales y continúa explorando a sus personajes de la misma manera que en el primer libro. Se nota que fue una trilogía pensada como un único libro, escrita como un único libro, algo de agradecer por parte del lector que no se ve impuesto por saltos temporales absurdos que no hacen más que incomodar muchas veces. La evolución de los acontecimientos es totalmente lineal y apenas hay digresiones o solapamientos de eventos.

Bucarest sigue siendo el centro neurálgico de la acción y el grupo de amistades locales e inglesas de los Pringle siguen siendo los acompañantes del lector durante toda la novela. Pero hay un cambio en The spoilt city, y es que toda la normalidad que hasta ahora se vivía en Rumanía y su capital empieza a tambalearse. La historia y su curso imparable barren de un plumazo la tranquilidad rumana en la periferia de la IIGM y los acontecimientos sobrepasan a todos aquellos que pensaban que la diplomacia y las buenas maneras haría que ni la tradición ni la tranquilidad se quebrarían. Pero cuando un loco genocida aspira a todo, nada puede pararle. Pero esto no son más que los acontecimiento históricos que pasan al mismo tiempo que la propia intrahistoria de los protagonistas que se ven arrastrados por el tsunami de la guerra y la historia sin poder ofrecer más que una resistencia simbólica, sabiendo que solo si no se aferran a nada fijo podrán intentar salir adelante en una tierra que empieza a dejar de ser amigable y se convierte en hostil, donde un inglés ya no es un miembro de la burguesía extranjera en una ciudad pobre, sino un enemigo del pueblo y de la lucha de las naciones fuertes (del Eje).

La relación entre Harriet y Guy en The spoilt city empieza a ser más madura. Y si en la primera entrega de la trilogía el matrimonio daba sus primeros pasos de casados con ilusión y miedo al mismo tiempo, partiendo de esperanzas diferentes y con objetivos diversos cada uno, y lejos de casa, en un entorno entre hostil y exótico, en esta segunda entrega Harriet da un cambio gigantesco en su forma de ser: deja de ser una joven sumisa a pensar por sí misma, a exigir a Guy su parte del matrimonio, que lo ejerza, que no sea simplemente parte de un papel firmado ante Dios. Guy por su parte sigue tan idealista como siempre, tan estoico en sus decisiones, tan inglés hasta el final, hasta que los acontecimientos les barren de arriba abajo y la barbarie se instala en una vida relativamente cómoda en el confín de un continente y tan lejos de su plácido (aunque en guerra esté en llamas y parcialmente ruinoso) y aristocrático Londres.

No puedo negar que este tipo de novelas donde los protagonistas son burgueses de alta cuna que se las dan de amantes del mundo y protectores del bienestar social, que frecuentan tanto fiestas populares y dan limosna a los pobres interesándose por ellos como van a fiestas privadas con caviar y champán, trajes obscenamente deslumbrantes y música actual de fondo, me encantan. The spoilt city tiene mucho de este tipo de novelas de burguesía, pero además tiene ese eco y trasfondo de novela clásica inglesa de espionaje, de maniobras en la oscuridad, de diplomacia a través de agentes culturales, o propaganda sucinta pero clara. Es una mezcla perfecta, narrada además de manera sutil y delicada como solo Manning puede hacer, sin dar esos aires de grandilocuencia que los hombres suelen dar a estas novelas.

Si no habéis leído aún The Great Fortune estáis tardando (ya sea en español o en inglés) y si lo habéis hecho y aún no os habéis hecho con The spoilt city estáis tardando aún más (aunque en este caso en español aún no esté disponible, o si lo está probablemente lo esté en alguna librería de segunda mano perdida en algún callejón torcido de alguna ciudad). Tengo ganas además de leer el cierre de la trilogía, que abrirá un nuevo horizonte en la relación de los Pringle al estar separados por la guerra y en lugares diferentes: Atenas y Bucarest. Nuevos horizontes y probablemente nuevas maneras de abordar su vida que me apetece explorar.

Caronte.

viernes, 4 de febrero de 2022

El italiano

Que Arturo Pérez-Reverte saque novela todos los años ya no es noticia ni sorprende a nadie. Es un autor tan prolífico como pocos ha habido la historia de la literatura española; habría que remontarse a la época quizá de Umbral o a la época de Galdós para encontrar autores que publicasen tanto y tan bueno durante tantos años. Dejando a un lado el propio carácter de Pérez-Reverte que puede gustar más o menos tanto por opiniones como por actitudes, lo que es innegable es su grandiosa capacidad para escribir, para hacerlo bien y para, en su mayor parte, dar a los lectores novelas de aventuras de corte clásico que nos transportan a otra época y a escenarios muy diversos. Leo esta su última novela apenas pocos meses después de su publicación y con cierta incertidumbre por el estrepitoso fracaso (a mi modo de ver) que supuso su anterior novela sobre la guerra civil y qué me pareció de todo menos buena.

Cuando Pérez-Reverte se pone a hacer las cosas bien, cuando se remanga y se pone a escribir con gusto, sin prisas, sin encargos, sin obligaciones, sin intentar moralizar ni pontificar sobre absolutamente nada, es cuando Pérez-Reverte logra lo que ha logrado con El italiano: una novela de aventuras de corte clásico con sus dosis justas de amor, de personajes fuertes, valientes, heroicos, ambiguos, dignos… que entretiene de principio a fin y que traslada al lector directamente allí donde se desarrolla la novela y le hace formar parte de la historia.

Después de leer el año pasado Línea de fuego y quedar absolutamente decepcionado por la visión que Pérez-Reverte plasmó en sus páginas mostrando una falsa equidistancia sobre la guerra civil que lo único que demuestra es posicionamiento hacia uno de los bandos ya que, si en una guerra civil equiparas bandos, cuando todos sabemos lo que pasó en la nuestra, te estás poniendo en el lado vencedor quieras o no, de manera consciente o inconsciente, pero lo haces. Por esto cuando publicó El italiano decidí dejar pasar el tiempo antes de leerla. No quería ir influenciado por la lectura de su anterior novela y por tanto no disfrutar de lo que pudiera esconder el libro. Y, sin embargo, me he equivocado, lo reconozco, pero no es demérito mío sino mérito Pérez-Reverte al haber vuelto hacer aquello que mejor sabe: fabular.

El italiano nos traslada a 1942-1943 y a una zona muy interesante novelísticamente hablando cómo fue Gibraltar y la frontera con España (Algeciras, la Línea de la Concepción) toda esa zona fronteriza entre dos Estados enemigos en un periodo de guerra y en el que los espías, los contrabandistas y los militares se mezclaban permanentemente. Y no solamente eso, sino que Pérez-Reverte nos introduce en una historia basada en hechos reales sobre militares italianos con torpedos submarinos dirigidos por buzos, cuales motos de agua primigenias. Es sorprendente lo que puede hacer la imaginación a partir de un hecho real y lo que es capaz de hacer Pérez-Reverte con una historia que según él lleva escuchando toda la vida como mito leyenda o heroicidad de unos hombres que cumplían con su deber que era hacer el mayor daño posible a los enemigos.

Usa además Pérez-Reverte en El italiano un recurso clásico de los escritores más arraigado, como es introducirse a sí mismo como personaje (ficticio) de la novela para poder darle estructura y tener un hilo argumental paralelo que apoya a la recreación histórica de unos hechos ficticios pero que se basan en hechos reales totalmente contrastables y que ocurrieron en la Bahía de Algeciras y en Gibraltar durante la Segunda Guerra Mundial. Y como en el fondo esta novela tiene un aire clásico de principio a fin, no podría faltar una historia de amor puro (sin lujuria, sin florituras, sin lugares comunes a todas las historias de amor que se leen en la literatura muy empalagosas o idealizadas); es un amor clásico puro de película en blanco y negro de los años 50.

Perfectamente se podría hacer una serie o una película sobre El italiano porque la narración y la historia dan para ello. Pérez-Reverte entrega al lector una novela que se lee sola y no es un tópico que quiera poner aquí. he devorado la novela en apenas dos días porque no quería salirme de la historia quería saber qué pasaba en la siguiente página cómo evolucionan los personajes y qué les pasaba. en esto el escritor madrileño antiguo reportero de guerra es todo un maestro sabe escribir bien y urdir tramas entretenidas que mantienen al lector pegado a las páginas de sus novelas (quitando alguna que otra excepción como ya comenté al principio).

Con unos personajes típicamente revertianos; con unos protagonistas, hombre y mujer, con tintes de héroes de guerra, pero de héroes humanos clásicos no de superhéroes del siglo XXI; con una trama basada en hechos reales urdida con un recurso literario clásico como es el del autor personaje de su novela escrita con un ritmo formidable y ambientada como solo Pérez-Reverte sabe hacer. El italiano es un libro para disfrutar, de esos que reconfortan porque te sacan del sitio en el que lo estés leyendo y te llevan, en este caso, a 1942 y a la Bahía de Algeciras para vivir, como espectador, una historia puramente literaria llena de ficción pero que, por qué no, quizá pudo haber ocurrido. Esta es la magia de la literatura y la ficción.

Caronte.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Berlin Finale

Las novelas (aunque debería decir que la literatura en general) sirven de manera dual para viajar sin moverse y para hacerlo sabiendo de ante mano el pasado de una ciudad, una cultura, una civilización, un entorno, un palacio, una simple callejuela. Esta novela llevaba en mi pila de pendientes muchos meses, pero es que estaba esperando su momento justo para ser leída. Todas las novelas tienen un momento determinado de ante mano en la vida de un lector, y solo si son leídas en ese preciso instante generan el efecto correcto y buscado. Esta novela quería leerla en el momento adecuado y para ello tuvo que esperar pacientemente apilada junto con otras su hora. Y su hora ha sido este noviembre, cuando he vuelto a Berlín, quizá la ciudad con más historia a su espalda de todo el continente europeo. Y me ha llevado lo mío entre unas cosas y otras acabármela, no por no sentirme atraída por ella, sino porque entre el propio viaje y temas privados me han quitado mucho tiempo de lectura.

Desde que visité Berlín por primera vez hace casi tres años quedé impresionado por una ciudad tan llena de contrastes e historia. Un imperio, los locos años veinte de los cabarés, dos guerras mundiales, una guerra fría, un muro que dividía no solo una ciudad sino dos concepciones de la sociedad y la vida, una reconstrucción… Berlín es para los amantes de la historia del siglo XX su Meca. Por todo esto, investigando sobre libros que pudieran transmitirme parte de esta historia llegué a dar con Berlin Finale de Heinz Rein: una novela descomunal y casi inabarcable sobre los últimos días de la capital del Reich de los mil años.

A lo largo de casi setecientas páginas Reinz, que vivió los últimos días de Berlín como capital del nazismo, da cuenta de la vida y supervivencia de los berlineses que no tienen donde ir y ven como poco a poco todo se acaba: la guerra, las fuerzas, la comida, la esperanza, la autoestimo, las creencias que una vez se pensaron fijas e inamovibles… Berlin Finale es, por así decirlo, el diario de una ciudad, Berlín, narrado al detalle, donde los protagonistas que Rein nos da no son más que una mera excusa para contar cómo era la vida en Berlín durante esas últimas semanas antes de mayo de 1945 cuando la capital del Reich capituló dando paso al silencio (triste, hambriento, desolador) de una ciudad arrasada por la locura de un puñado de mostruos.

A través de la vida clandestina de un grupo de la resistencia interna alemana, Heinz Rein nos lleva a través de todo Berlín, de norte a sur y de este a oeste, por diferentes barrios y casas y bares y líneas de metro, para que podamos hacernos una imagen clara de lo que pasó en Berlín aquellos días de abril de 1945. Berlin Finales no solo es una novela bélica donde las escaramuzas se agolpan página tras páginas, los disparos nos pasan cerca mientras leemos sentados en nuestros cómodos sofás, las alarmas aéreas retumban en nuestro interior indicando que hay que refugiarse en sótanos de edificios o en el metro para evitar un bombardeo aéreo. No. Esta novela no es solo esto, es también una novela donde la conciencia del ser humano queda desnuda y diseccionada por Rein para mostrar cómo los jerarcas nazis no fueron los únicos culpables de aquellos 12 años de terror, odio, muerte y guerra, sino que sin la complicidad de una sociedad alemana que por acción u omisión aceptó ese orden de cosas nada hubiera tardado tanto en acabar. Pero tampoco hay que quedarse en esto, porque esta también es una novela donde se muestra que no todos los alemanes eran iguales, que algunos intentaron hacer que todo acabara lo antes posible, con pocos medios, teniendo a la inmensa mayoría de la población en contra y no sabiendo si el vecino o compañero de trabajo o de iglesia o de estudios o el cliente que entra en tu bar es amigo o enemigo y te puede denunciar por una frase inocua inapropiada a sus oídos.

Berlin Finales es una novela densa de leer pero que atrapa, donde la propia ciudad y sus habitantes anónimos son más protagonistas que los hombres y mujeres que Heinz Rein pone como tales. La trama que envuelve a cada uno de los miembros del grupo de resistencia que la novela sigue en sus páginas no es más que un añadido a lo que Rein quiere contarnos: cómo Berlín y los berlineses vivieron los últimos días de una guerra abismal como fue la IIGM. Las vidas de los diferentes personajes sirven de excusa para ir recorriendo dos berlines, el Berlín clandestino donde los silencios, la cautela y las ganas de acelerar el final son tangibles; y el terrenal donde la gente corriente intenta seguir su vida siempre que las sirenas antiaéreas callen, los soldados siguen luchando, siguiendo órdenes de líderes en desbandada, enloquecidos y cegados por una megalomanía asesina, y algunos intentan sobrevivir con 12 años de nazismo a la espalda.

Podría parecer por lo que ha dicho hasta ahora que Berlin Finale es una novela bélica sin más, centrada en Berlín eso sí. Lo es: es una novela bélica donde la ambientación y los personajes (aunque sin trama propiamente dicha) son más importantes que la propia contienda, donde quien sufre es mucho más importante que quien hace sufrir (y da la casualidad de que sufren muchos de muchas maneras diferentes). Pero esta también es una novela donde el ser humano, sus pulsiones y pasiones, su dicotomía, sus contradicciones cobran una importancia y un peso brutal. Qué interesantes son las conversaciones que se dan a lo largo de la novela sobre el amor, la política, la guerra, el patriotismo, el ser alemán, la fe y la creencia en algo…

Heinz Rein logra con esta novela dos cosas: una, meter al lector de lleno en la batalla de Berlín, no en mitad de los disparos (que también) sino en las calles, plazas y edificios de Berlín donde la ciudad, en ruinas, hastiada, bombardeada y acosada, sigue viviendo como puede y sus ciudadanos morando sus rincones esperando un desenlace, el que sea; y dos, hacer que el lector sea capaz de comprender aquello que puede parecer incomprensible, teniendo en cuanta que comprender no es justificar ni mucho menos. Berlin Finale es una novela magnífica sobre un momento histórico lleno de aristas, tensión e incertidumbre. Altamente recomendable su lectura sosegada y tranquila.

Caronte.

jueves, 17 de diciembre de 2020

K. L. Reich

Una de las grandes lacras que tenemos los españoles como sociedad, y en varios aspectos de nuestra vida, es que no sabemos valorar lo nuestro y preferimos alabar lo de fuera, ya sea por exótico o por creerlo superior. Craso error. Preferimos asombrarnos con los Alpes antes que hacerlo con los Picos de Europa; nos atraen más las tierras áridas del norte de África que la tierra baldía y salvaje del sureste español; pensamos que Escocia e Irlanda son paraísos verdes y místicos y sin embargo rebajamos a Galicia a una mera región gastronómica donde el marisco y el pulo eclipsan todo lo demás; preferimos un pueblo alemán medieval reconstruido a Toledo, Segovia o Cáceres. Y nos pasa lo mismo con la literatura: antes miramos a un autor inglés, pongamos por caso Dickens, antes que deleitarnos con Galdós, simple y llanamente porque lo consideramos mejor y de más alto nivel cultural. Pura ignominia, puro desconocimiento. Ignorancia supina, a fin de cuentas. Y esto es lo que ha pasado con Joaquim Amat-Piniella y esta novela comparable a Primo Levi o a Anna Frank.

“K. L. Reich” es una novela totalmente desconocida en España fuera de Catalunya, ya que allí es de lectura obligada casi en colegios e institutos. Supongo que por época de publicación (años 60), por tardarse más de 15 años en publicar debido a su contenido, y porque estaba escrita en catalán, el mundo editorial en castellano la ha ido repudiando y relegando al olvido que ha tenido y sigue teniendo. Y, sin embargo, creo que la novela debería tener un puesto preeminente en las lecturas obligadas para todo español que quiera saber qué pasó con sus propios compatriotas en los campos de concentración y exterminio nazi; ya que, aunque no al extremo que judíos, rusos u otras etnias y razas, los españoles también morimos y pasamos hambre en los campos de concentración nazis.

El panorama literario europeo está plagado de novelas, memorias, autobiografías y ensayos sobre experiencias personales o ajenas, de supervivencia o muerte, en los campos de concentración nazis. “K. L. Reich” es una novela que ficciona la propia experiencia de Amat-Piniella como preso de uno de los campos de concentración de la Alemania Nazi durante la IIGM; y como tal es dura, explícita y golpea al lector en su subconsciente de manera directa y sin piedad. Pero, para ser sinceros, no hay excesos en la novela, no hay violencia por el mero hecho de conmover al lector, no hay imágenes constantes y excesivas de penurias y calamidades.

 

Joaquim Amat-Piniella logró con “K. L. Reich” construir un relato en el que hay verdad y poco efectismo. Mientras en las novelas históricas ambientadas en este periodo y en estos escenarios suelen buscar la lágrima del lector, su horror y su pena, para intentar acentuar las calamidades y hacer las tramas más realistas; en esta novela solo hay sinceridad, humildad y veracidad. Huyendo de la grandilocuencia y la presuntuosidad de muchos escritores que pretendieron narrar el infierno de los campos de concentración y el Holocausto, Amat-Piniella muestra el horror, el miedo, el olor a carne quemada, los cuerpos exangües y esqueléticos, el hambre y el frío mezclados con el humor, la esperanza, los tejemanejes de los presos, la corrupción de los campos entre prisioneros y guardianes trapicheando con la supervivencia.

La gran virtud de “K. L. Reich” frente a otros libros y novelas que he leído sobre el nazismo, el Holocausto y los campos de concentración es la dosificación que se da en la novela al lector, y la gran humildad que muestra Piniella a la hora de narrar y confesar sus propias experiencias, o experiencias parecidas inspiradas en lo que vivió en aquellos años. Junto a estas descripciones de la vida (si es que, a sobrevivir en un campo de concentración sin apenas comida, con frío, y violencia y muerte por donde quiera que mires se le puede llamar vivir) también se incorporan reflexiones y sentimientos de culpa que hicieron que aquellos que sobrevivieron a aquellos años de muerte y horror se pregunten cómo y por qué salieron de aquello vivos y si lo hicieron egoístamente haciendo que otros murieran por el camino.

Es de agradecer que en “K. L. Reich” no se caiga en los tópicos de este tipo de libros, que en su momento Amat-Piniella quisiera mostrar la cruda realidad tal como la vivió, con sus numerosas y prácticamente únicas sobras, pero también con sus luces. No solo hay olor a carne quemada en las páginas de esta novela, ni únicamente crueldad nazi, también hay humanismo, resistencia, esperanza, corrupción, falta de ética, espíritu de supervivencia. Y, sobre todo: no hay héroes. Me suele repatear mucho las novelas que usan esta época histórica concreta para ensalzar sin sombras la figura de alguien real o ideal, cuando en aquellos años no hubo ningún solo héroe, sino simplemente seres humanos que pretendían sobrevivir, y si para ello tenían que hacer que un compañero o amigo muriese se hacía. Ese es el realismo que busco en una historia como esta.

Vuelvo al principio para decir que creo que sería importante y fundamental, para hacer país, para saber de nosotros mismos, para aprender a valorarnos, descubrir una novela como “K. L. Reich”. La IIGM parece que muchas veces queda lejos de España, que la vivimos casi de espaldas o refilón, y sin embargo hubo españoles que fueron asesinados en campos de concentración nazis. Amat-Piniella no es menos que Primo Levi o Anna Franck, o cualquier otro autor que pretenda hacerse pasar por gran escritor por novelar el Holocausto o el terror del exterminio nazi en campos de prisioneros. Sin petulancia, sin egocentrismo, sin creerse más que nadie, con una absoluta dignidad y humildad, Piniella escribió una novela que debería ser de obligada lectura en institutos de toda España porque sin saber quiénes fuimos es muy difícil que podamos si quiera entrever quienes somos.

Caronte.

jueves, 17 de septiembre de 2020

The Great Fortune

Al libro del que hoy me toca escribir llegué a través de la editorial española Libros del Asteroide, una editorial de tamaño medio que lleva varios años ya en el panorama literario español publicando y reeditando libros de autores que en editoriales grandes y muy comerciales no tienen espacio por desgracia. Siempre tengo muy presente el catálogo de esta editorial y más aún desde que han empezado a reeditar las novelas de Graham Greene en español, autor que para mí es lo mejor que ha dado la literatura inglesa en el siglo XX. Siempre publican calidad en Asteroide, y este año han publicado una novela de una escritora inglesa prácticamente desconocida para el público español y muy olvidada incluso para el público inglés: Olivia Manning. Cuando vi que iban a publicar el primer libro de su trilogía de los Balcanes empecé a indagar y descubrí que al mismo tiempo que Libros del Asteroide publicaba su edición, lo hacía también una nueva edición inglesa (en la que se basa la española) y desde el minuto uno decidí que iba a ser una de mis lecturas urgentes.

Como acabo de señalar “The great fortune” (en español el título es la traducción literal: “La gran fortuna”) es el primer libro de una trilogía que tiene de fondo la Segunda Guerra Mundial en la periferia del conflicto: Rumanía en el caso de este primer libro y los Balcanes en los siguientes. Pero la IIGM no es en sí el hilo narrador de la novela, sino simplemente una música de fondo, unos tambores lejanos de guerra que parecen distantes, ajenos a todo y todos, y que los personajes de la novela oyen en la lejanía con la misma indiferencia que oirían un piano en un bar a medianoche.

Olivia Manning se sirve en “The great fortune” de un matrimonio joven, muy joven, compuesto por Harriet (21 años) y Guy (21) para trasladar al lector al Bucharest de 1939 y 1940. La pareja de ingleses, recién casado, viaja en tren hacia Rumanía atravesando Yugoslavia y cruzándose con un éxodo de migrantes que huyen del epicentro inicial de la guerra para intentar refugiarse en una zona que creen alejada y que non sufrirá los embates nazis. En el tren camino de Bucharesct se topan con el Príncipe Yakimov, un noble de origen ruso (de los rusos blancos) cuya fortuna no es más que un espejismo del pasado y que termina siendo otro de los pilares sobre los que se asienta la novela.

“The great fortune” no tiene una trama argumental por así decirlo. Esta es una novela realista sobre la vida de la comunidad inglesa emigrada por trabajo diplomático en Bucharest, el Paris del este de Europa. Los cafés, paseos en calesa, hoteles de lujo, excentricidades varias, costumbrismo, esnobismo, son retazos que plagan la novela y hacen ver al lector cómo era la vida durante los comienzos del terror de la IIGM en una ciudad ubicada en las postrimerías de Europa cuyo esplendor y grandeza empezaba ya a decaer antes del golpe final que borró de un plumazo toda el alma cosmopolita, urbana, y aspirante a la modernidad y comodidades de la buena vida de las ciudades del este de Europa.

Es muy interesante ver cómo en las páginas de “The great fortune” Olivia Manning retrata de manera tan delicada, realista y alejada de sentimentalismos la vida en Bucharest de una joven pareja cuyo amor parece haberse desgastado antes de si quiera empezar. Harriet y Guy son dos personalidades opuestas; ella no es la mujer sumisa que quizá por época tocaría imaginar, sino alguien con carácter y propias ideas y convicciones; él es un idealista impetuoso que relativiza todo cuanto a su alrededor sucede salvo lo que a él concierne. Manning no deja lugar al paternalismo ni a la pena en su estilo, cuenta las cosas desgranando sentimientos como pocos escritores he leído y eso, para un lector, es un gustazo. Ninguno de sus personajes pasa desapercibido y todos tienen algo que aportar y matizar a la historia.

La literatura está para trasportar al lector a un tiempo y lugar que no es el actual en el que vive; debe servir para viajar a lugares y épocas pasadas, o que incluso no existan; en definitiva, la buena literatura debe servir para que el lector deje de ser una persona real con nombre y apellidos propios y se transforme en parte del libro que esté leyendo. En “The great fortune” yo he tenido esta sensación. Olivia Mannig ha conseguido trasladarme a los cafés, hoteles, palacetes, fiestas y paseos por los parques de Bucarest, y ha despertado el deseo de visitar la capital de Rumanía para intentar percibir el aroma añejo del pasado glorioso y burgués de esa ciudad.

La IIGM es un tema sobreexplotado en la literatura y aun así Olivia Manning en “The great fortune” logró darle un aire diferente ubicando su novela en una ciudad periférica, donde el conflicto no llegó de primeras y donde los aires de preocupación existían, pero quedaban difuminados aún por esos felices años treinta que acabaron de golpe con Hitler destrozando Europa y todo lo que significaba. En la novela, al final, mientras Guy organiza una representación teatral amateur con miembros jóvenes de la comunidad británica Europa e Inglaterra están cayendo, el sueño de victoria rápida se está muriendo y, sin embargo, en Bucarest, en las mentes de los ingleses prima la diversión de los preparativos de la obra. Es muy interesante ese contraste y ver cómo poco a poco durante todo el libro se van sucediendo los acontecimientos más importantes del inicio de la contienda bélica en contraste con la aparente despreocupación que reina en Bucarest en los altos estamentos de la sociedad.

Guerra y amor; avance de la destrucción y desintegración de Europa y renuencia a que la buena vida de la burguesía de Bucarest desaparezca; burguesía y costumbrismo; atisbos de espionaje; entresijos de un matrimonio atípico; personajes incapaces de asumir la realidad, ni la suya propia ni la del mundo que les rodea… Olivia Manning consigue con “The great fortune” una novela absolutamente perfecta sobre aquellos años de desconcierto, resignación y voluntad de que nada cambie sabiendo que todo estaba cambiando.

“The great fortune” es de las novelas que más me han atrapado en los últimos tiempos; de esas novelas que dejan huella y hacen a uno soñar con haber podido vivir aquellos eventos en los mismos lugares que aparecen en la propia novela. Olivia Manning además me ha resultado un descubrimiento absolutamente revelador y maravilloso: su estilo es tan precioso, cuidado, pulido y bello que te envuelve y atrapa; y sus personajes son tan atractivos y diferentes unos de otros que no aburren ni resultan repetitivos. Recomiendo sin duda alguna esta novela, ya sea en su edición inglesa como en la española, a todo aquel que disfrute de la literatura con mayúsculas, esa que hace sentir, esa que da pena abandonar.

Caronte.