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lunes, 30 de mayo de 2022

The Spoilt City

Hace dos años gracias a la editorial Libros del Asteroide di con una autora y una novela que iniciaba una trilogía ambientada en la Europa siempre más olvidada, aquella que también ha sido siempre maltratada en parte por ese mismo olvido: los Balcanes, Rumanía y Grecia. Libros del Asteroide recuperó La Gran Fortuna, libro que inicia la Trilogía de los Balcanes de Olivia Manning: una escritora inglesa, injustamente olvidada y eclipsada por la pluma de otros hombres contemporáneos con ella, pero que cumple con absolutamente todas las características para ser un clásico de la narrativa inglesa del siglo XX donde la aristocracia y la burguesía, junto con ciertas dosis de épica y de espionaje, han sido unos de los grandes temas. No sé si Libros del Asteroide tiene pensado o no concluir la trilogía de Manning, lo bueno es que en inglés también se han reeditado recientemente y gracias a ello podré en los próximos meses, lecturas pendientes mediante, concluir con ella.

The spoilt city continua la historia de la joven pareja conformada por Harriet y Guy Pringle junto en el momento exacto en el que se dejó en The great fortune. Olivia Manning no hace fantasiosos avances temporales y continúa explorando a sus personajes de la misma manera que en el primer libro. Se nota que fue una trilogía pensada como un único libro, escrita como un único libro, algo de agradecer por parte del lector que no se ve impuesto por saltos temporales absurdos que no hacen más que incomodar muchas veces. La evolución de los acontecimientos es totalmente lineal y apenas hay digresiones o solapamientos de eventos.

Bucarest sigue siendo el centro neurálgico de la acción y el grupo de amistades locales e inglesas de los Pringle siguen siendo los acompañantes del lector durante toda la novela. Pero hay un cambio en The spoilt city, y es que toda la normalidad que hasta ahora se vivía en Rumanía y su capital empieza a tambalearse. La historia y su curso imparable barren de un plumazo la tranquilidad rumana en la periferia de la IIGM y los acontecimientos sobrepasan a todos aquellos que pensaban que la diplomacia y las buenas maneras haría que ni la tradición ni la tranquilidad se quebrarían. Pero cuando un loco genocida aspira a todo, nada puede pararle. Pero esto no son más que los acontecimiento históricos que pasan al mismo tiempo que la propia intrahistoria de los protagonistas que se ven arrastrados por el tsunami de la guerra y la historia sin poder ofrecer más que una resistencia simbólica, sabiendo que solo si no se aferran a nada fijo podrán intentar salir adelante en una tierra que empieza a dejar de ser amigable y se convierte en hostil, donde un inglés ya no es un miembro de la burguesía extranjera en una ciudad pobre, sino un enemigo del pueblo y de la lucha de las naciones fuertes (del Eje).

La relación entre Harriet y Guy en The spoilt city empieza a ser más madura. Y si en la primera entrega de la trilogía el matrimonio daba sus primeros pasos de casados con ilusión y miedo al mismo tiempo, partiendo de esperanzas diferentes y con objetivos diversos cada uno, y lejos de casa, en un entorno entre hostil y exótico, en esta segunda entrega Harriet da un cambio gigantesco en su forma de ser: deja de ser una joven sumisa a pensar por sí misma, a exigir a Guy su parte del matrimonio, que lo ejerza, que no sea simplemente parte de un papel firmado ante Dios. Guy por su parte sigue tan idealista como siempre, tan estoico en sus decisiones, tan inglés hasta el final, hasta que los acontecimientos les barren de arriba abajo y la barbarie se instala en una vida relativamente cómoda en el confín de un continente y tan lejos de su plácido (aunque en guerra esté en llamas y parcialmente ruinoso) y aristocrático Londres.

No puedo negar que este tipo de novelas donde los protagonistas son burgueses de alta cuna que se las dan de amantes del mundo y protectores del bienestar social, que frecuentan tanto fiestas populares y dan limosna a los pobres interesándose por ellos como van a fiestas privadas con caviar y champán, trajes obscenamente deslumbrantes y música actual de fondo, me encantan. The spoilt city tiene mucho de este tipo de novelas de burguesía, pero además tiene ese eco y trasfondo de novela clásica inglesa de espionaje, de maniobras en la oscuridad, de diplomacia a través de agentes culturales, o propaganda sucinta pero clara. Es una mezcla perfecta, narrada además de manera sutil y delicada como solo Manning puede hacer, sin dar esos aires de grandilocuencia que los hombres suelen dar a estas novelas.

Si no habéis leído aún The Great Fortune estáis tardando (ya sea en español o en inglés) y si lo habéis hecho y aún no os habéis hecho con The spoilt city estáis tardando aún más (aunque en este caso en español aún no esté disponible, o si lo está probablemente lo esté en alguna librería de segunda mano perdida en algún callejón torcido de alguna ciudad). Tengo ganas además de leer el cierre de la trilogía, que abrirá un nuevo horizonte en la relación de los Pringle al estar separados por la guerra y en lugares diferentes: Atenas y Bucarest. Nuevos horizontes y probablemente nuevas maneras de abordar su vida que me apetece explorar.

Caronte.

viernes, 6 de mayo de 2022

La loca de la puerta de al lado

Esta vez la elección de esta novela ha venido motivada por fiarme de la editorial que la publica y no por nada más. De hecho, hace ya un tiempo que mis lecturas no se guían por las sinopsis de las contraportadas ni por resúmenes ni nada por el estilo. Voy más a por títulos o autores que me han llamado la atención sin pararme mucho a pensar de qué va a tratar el libro que voy a leer. Esto puede ser una gran ventaja porque te ahorras las ideas preconcebidas, pero también es un peligro sobre todo si te dejas llevar demasiado y empiezas a leer una novela pensando que es novela, y cuando empiezas te das cuenta que de novela no tiene nada y es una autobiografía camuflada de narrativa personal o auto ficción. Y es que este género tan extendido últimamente está muy lejos de interesarme lo más mínimo, y si alguna vez me he acercado a alguna obra de ese carácter ha sido por dejarme llevar demasiado por críticas.

Cada persona tiene una relación diferente con la literatura y busca respuestas distintas. La relación que se crea entre un lector y la literatura es única e intransferible. No existen dos lectores iguales, ni tan siquiera parecidos. Por ello hay libros para todos, géneros, autores, historias y formas de narrar y contar. Y cada persona buscará y leerá y disfrutará de aquello que le conmueve, emociona y llena. La loca de la puerta de al lado es un libro escrito por Alda Marini en el que la escritora italiana, casi olvidada incluso en su propio país debido a su enfermedad mental, narra su vida y cómo tuvo que lidiar siempre, desde que era joven con un mundo que su trastorno mental le hacía ver de manera diferente a como alguien “normal” lo vería.

Con un estilo tan personal como lírico y onírico, lleno de imágenes sugerentes, hermosas y poéticas, Alda Merini narra en La loca de la puerta de al lado diferentes episodios de su vida divididos en cuatro secciones: amor, secuestro, familia y dolor, en las que reflexiona en pequeños fragmentos, no siempre conexos, sobre esos temas que marcaron su vida, sus éxitos y fracasos, sus alegrías y penurias, sus momentos de tormento y sus momentos de pasión.

El problema que he tenido con La loca de la puerta de al lado es que sinceramente, más allá de haber disfrutado de un estilo muy personal y poético, poco más me ha interesado. Con todo el respeto del mundo tanto a la autora italiana, una de las grandes olvidadas de la literatura transalpina, como a la editorial, a la que respeto profundamente porque me ha dado ya varias lecturas soberbias, en esta ocasión la auto ficción o directamente la autobiografía quizá novelada me ha dejado no solo indiferente sino frío y totalmente desinteresado. No encuentro puntos en común con una autora cuya vida, siendo trágica y dramática y estando llena de dificultades y prejuicios negativos en una época donde a los locos se los internaba sin posibilidad casi de redención, poco me aporta o con la que en poco o nada puedo sentirme identificado.

Mi poca conexión con La loca de la puerta de al lado no impide que reconozca que es un libro valiente y desgarrador en el que Marini se expuso a carne viva dejando en su escritura todos sus miedos, rencores, esperanzas y traumas. Y esto siempre es difícil. Tengo la impresión que pocos libros autobiográficos son tan sinceros como este; en pocos libros de auto ficción, tan de moda ahora mismo, sus autores, centros ególatras de la narración, se desnudas con tanta verdad como lo hizo Merini en esta obra casi nacida de sus entrañas, casi una parte más de ella misma, de su conciencia, de su alma.

Pero aún así me he aburrido porque no me interesa saber de la vida de autores que nunca he seguido o admirado o leído previamente. De hecho, es que me importa poco o nada la vida de nadie real. Yo en la literatura busco historias diferentes, nuevas, llenas de imaginación e inventiva, que me trasladen física y sensorialmente a otros mundos que sean como este, a otras latitudes, a otros ambientes que no suelo frecuentar, que me expongan sentimentalmente y reten mi intelecto con dilemas morales que giren alrededor de los más profundos temas que siempre han preocupado al ser humano. La loca de la puerta de al lado no ha cumplido con ninguna de esas premisas que busco en un libro. Insisto en que lo único que podría salvar es el estilo, verdaderamente bello y lleno de imágenes creadas por una escritora probablemente excepcional pero tocada con una mente distinta y poco o nada comprendida.

Caronte.

viernes, 8 de octubre de 2021

Terres mortes

Incursiono de nuevo en la literatura catalana actual. Y lo hago con una novela de una escritora jovencísima (no llega a los 30 años aún) que da un golpe en la mesa de la literatura con una obra fresca que recoge toda la tradición narrativa española desde la posguerra. Núria Bendicho Giró no ganó el Premio Anagrama de novela en catalán, pero el jurado destacó también su novela para ser publicada. Y ha sido un acierto. Este año, siguiendo lo que comencé el año pasado durante el confinamiento, me he puesto a estudiar catalán a través de internet de manera online y autodidacta. Ya el año pasado hice un curso de italiano y he podido empezar a leer tanto en la lengua de Dante como en la de Josep Pla o Mercè Rododera ampliando mis horizontes lectores y literarios para descubrir de primera mano y sin los intermediarios de los traductores, obras y escritores que quizá tardan algo en llegar al español. Ampliar capacidad lectora, de comprensión de lenguas que no son las maternas siempre es bueno, abre la mente y ayuda a empatizar y socializar.

Terres mortes es una novela coral donde cada capítulo tiene un punto de vista diferente y está narrado por un protagonista directo o indirecto de la trama principal diferente. Núria Bendicho ha creado una trama familiar donde las rencillas, los odios, las disputas por la tierra, las herencias materiales e inmateriales, los rumores, el aislamiento y el tiempo son piedras angulares donde apoyar todo el desarrollo de la novela. También es central en la narración el ambiente, el dónde se desarrollan los acontecimientos es fundamental: esa casa masía familiar grande, abandonada por la desidia y el tiempo, por el peso del pasado y la incapacidad de superar viejos agravios, rodeada de bosque y ligeramente alejada del pueblo más cercano.

El tiempo, el presente y el pasado, los recuerdos, los acontecimientos narrados por diferentes testigos directos o indirectos de la familia protagonista tejen un escenario entre tétrico y desolador donde el lector a veces no sabe si seguir avanzando o ni siquiera si se avanza con seguridad. Terres mortes es una novela con una historia ya conocida en la literatura española, explotada por autores como Cela, Sender o Laforet, incluso Delibes, aunque éste con otro tono, donde el paisaje donde se desarrolla la historia es tan importante como la historia misma; y donde es el drama familiar con todas sus aristas el protagonista e hilo conductor que va tejiendo toda la trama.

Terres mortes es frescura y tradición. Frescura porque su autora entra de lleno en el mundo literario con una obra con un lenguaje propio y un estilo narrativo que subyuga al lector metiéndole en una atmósfera gris, llena de nieblas y sombras. Tradicional porque en el fondo Núria Bendicho no hace más que adaptar a su mundo literario interior la gran tradición española de la posguerra de hablar de los desheredados, de familias rotas, corrompidas por el odio y la envidia, con el peso del pasado y su historia sobre la espalda haciéndoles imposible el avance y la toma de contacto con la realidad del mundo.

No sé qué tienen las novelas de dramas familiares que tanto atraen, pero Terres mortes es de esas novelas que te van descubriendo un drama arrastrado durante generaciones generado por acontecimientos radicales y brutales donde la muerte, el odio y la envidias forman un perfecto caldo de cultivo para crear una buena novela. Si además, a todo esto, le sumamos el ambiente casi gótico de la Catalunya rural de masías aisladas cercanas a pueblos donde las autoridades las encabeza el cura, y donde las rencillas y los rumores entre vecinos y los señores de la casona forman el día a día de su historia, nos sale una novela muy posguerra aunque en este caso no haya ninguna guerra en el recuerdo de nadie y simplemente sean las relaciones intrafamiliares las que sustituyan a la destrucción del odio de la guerra.

Antes de terminar añado que leer en un idioma que no es el tuyo es un ejercicio magistral de inmersión en maneras diferentes de pensar y concebir la existencia y la comunicación. Una lengua es un mundo y cada una tiene una construcción mental diferente. Por ello leer en otros idiomas (inglés, francés, italiano y catalán en mi caso) me hace sentir vivo, estar acercándome a mundos y sociedades diferentes a la mía y donde al principio me puedo sentir incómodo pero que a medida que profundizo en ellas me voy sintiendo más y más cómodo. Terres mortes ha sido mi segunda novela leída en catalán y he de decir que me he sentido más cómodo que en mi primer acercamiento a esta lengua hermana del español y con la que tanto comparte.

He terminado esta novela sabiendo que, quizá y por desgracia, pase más desapercibida cuando se publique en español de lo que debería. Terres mortes es una obra muy bien escrita y narrada creando un coro de voces y puntos de vista que hacen que el lector sea capaz de captar. Angustiosa por momentos, siempre gris y neblinosa, este drama familiar con tintes góticos rurales y ecos de la gran tradición literaria española, hacen de este debut jovencísimo una novela de gran nivel cuya autora promete y si sigue puliendo su mundo literario seguro que da futuras obras muy interesantes también.

Caronte.

viernes, 25 de junio de 2021

Listas, guapas, limpias

Hay libros que llaman la atención por su portada, otros por su título, otros porque son de un autor famosísimo, otros por el morbo de lo que cuentan, otros simplemente porque sirven para calzar el sofá cojo que tienes en el pueblo. Y luego están los libros que conjugan varias de esas atracciones. Es lo que me ha pasado a mí con esta novela con bastantes tintes autobiográficos de Anna Pacheco (escritora de mi quinta, nacida también en 1991): portada llamativa, título extravagante y contenido interesante. Lo de la portada queda casi descontado porque Caballo de Troya edita con un mismo estilo visual todos sus libros y todos sin excepción me llaman la atención; el título me conquistó desde que lo vi por primera vez promocionado en blogs de literatura; y el contenido me atrajo desde el primer momento por sentirlo cercano, casi propio, y no suele pasar eso a menudo o en muy pocas ocasiones. Creo además que va siendo hora de empezar a llenar mi biblioteca y mis lecturas de libros diferentes con historias diferentes y con escritores jóvenes, y sobre todo escritoras.

La protagonista de ‘Listas, guapas, limpias’ nos cuenta en primera persona una ruptura, no ya solo sentimental, sino con su propia vida en cierto sentido. El dejar a un novio no deja de ser una excusa para contarnos cómo la vida, el cambiar de aires, el moverse en diferentes ambientes nos va moldeando y haciendo que cambiemos y nos vayamos convirtiendo en la persona que terminamos siendo cuando dejamos este mundo. Porque es el final el mundo al que tenemos que adaptarnos y en el que tenemos que vivir el que nos va a definir. Ni nuestro pasado, ni nuestras raíces, ni nuestra infancia, ni nuestros padres, abuelos, tíos, primos, son claves para definirnos, o no lo son tanto como los ambientes en los que vamos viviendo cada una de las etapas de nuestra vida. No dejamos de ser en esencia la misma persona, pero en cada etapa que vamos cerrando cambiamos.

No es sencillo en toda la maraña de libros que se publican al año en España (muchos de ellos morralla infumable) encontrar uno en el que te veas reflejado y te identifiques con lugares comunes tan claramente como he hecho yo con ‘Listas, guapas, limpias’. Lo cotidiano, lo normal, no usual, lo común, todo esto aparece en las páginas de esta novela que se lee en un suspiro y que al estar en primera persona narrada involucra al lector llevándole de la mano por lo que la joven que nos cuenta sus miedos, temores, dudas y cambios va viviendo durante un verano en el que evoca otros veranos de su vida.

La vida de la protagonista de esta historia (que dudo mucho que diste demasiado de la de la propia autora) aunque pueda parecer estar a un mundo de la mía, por ejemplo, no lo está tanto y hay lugares comunes que se evocan en ‘Listas, guapas, limpias’ con los que me siento cómodo, a gusto, feliz, melancólico a veces. Referencias culturales, problemas personales, dudas, miedos, ambientes, nombres, dichos, sensaciones, interacciones, todo me es conocido, común y familiar. Salvando las distancias entre Barcelona, donde se ambienta la novela, y Madrid, donde vivo y he vivido toda mi vida yo; y que ella es mujer y yo hombre, todo lo demás forma parte de los ecos de mi propia vida pasada, muebles ajados de mis recuerdos.

Es curioso como pensamos que nuestras vidas son única, originales e irrepetibles y sin embargo no estamos más que engañados. Al final a mismo ambiente de vida, vidas semejantes. No puedo decir iguales porque eso ya sí que es imposible; tampoco pueden ser paralelas porque daría entonces miedo que así fuera. Pero ‘Listas, guapas, limpias’ demuestra que, perteneciendo a un mismo ambiente, a una misma clase social, las vidas no distan mucho unas de otras, ya sea en Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia o cualquier otra ciudad medianamente grande con barrios obreros y populares donde se mezclan todo tipo de personas con todo tipo de intereses y aspiraciones.

‘Listas, guapas, limpias’ es también, aunque quizá no lo pretendiera, una novela social. Y lo es porque en ella se plasma todos los vicios, lacras, losas, lastres y también, por qué no decirlo, virtudes, de los años 90 y 2000 en un barrio de clase humilde y trabajadora donde las visitas a las tiendas de saldos, a los todo a cien, a las hamburgueserías para salir por ahí a cenar con amigos del cole o el insti, y los veranos en los pueblos lejanos eran las rutinas de vida y sociabilidad. Pero hay gente para quienes las fronteras de lo cotidiano, de lo de siempre se quedan cortas, como me pasó a mí y como le pasa a la protagonista de esta novela, que ve cómo cambiar de aires al ir a la universidad la cambia también en distancias cortas con sus espacios de siempre, sus amigos de siempre, sus rutinas de siempre.

Al final ‘Listas, guapas, limpias’ no es más que la historia de unos cambios que llevan a otros cambios que nos dan miedo, vértigo, pereza, pero que asumimos porque es lo que todo el mundo antes, durante y después de nosotros hará. No podemos cambiar lo que tiene que ser, solo podemos asumir lo que nos va viniendo. Pero, a veces, esa resignación tranquila no lo es tanto y nos queremos rebelar contra esos cambios imparables y el paso del tiempo y, al vernos incapaces, acabamos frustrados y enrabietados ante la realidad.

Si he devorado en apenas un día ‘Listas, guapas, limpias’ no ha sido porque no llega a las 200 páginas, sino porque ha sido una lectura fresca, nueva, diferente, con la que he empatizado y conectado de manera muy íntima y particular y en la que me he visto muy reflejado. Merece la pena arriesgar y leer novelas fuera de los grandes títulos que aparecen en los mostradores de novedades de las grandes cadenas de librerías; merece la pena leer y descubrir nuevos autores y autoras que nos cuenten cosas diferentes ya, más cercanas, más actuales, más de la vida que nos ha tocado vivir.

Caronte.